
RITUAL
La mujer cansada tira su abrigo sobre la cama deshecha, lanza sus zapatos estropeados en la alfombra descolorida, enciende un cigarro y se tumba.
Los redondeles del humo de su cigarrillo flotan por la habitación y de forma escalonada se pegan al techo chapoteado. Una alfombra de telarañas y humaredas se unen en la confusión de la materia humedecida, formando un cendal apagado de laberintos y desconciertos.
Gravitan por el humo agrio y pesado las reminiscencias amargas del pasado aun presente, los proyectos futuros que se estancan en el aletargado presente.
Tocan las cinco de la tarde en el cuarto sombrío y la mujer, con gran dificultad, se levanta, apaga su cigarrillo y se dirige hacia la tetera de metal. Mientras hierve el agua se quita una a una las prendas que lleva. Esparcidos por el suelo, de color dudoso, el vestido, el sujetador, las medias se entremezclan en un duelo silencioso.
La mujer se sirve el té, como cada tarde, como su madre la trajo al mundo. Se deleita con cada sorbito, intentando olvidar las duras horas que vive todos los días. Con viento, nieve, lluvia, el rudo labor le espera. El respiro no existe para ella. Nadie podría imaginarse lo cruel que es la vida. Miles de horas trabajando para sobrevivir, sin seguro, sin amparo.
A las 18 horas, pone las noticias. El locutor, como todos los días enumera los hurtos ocurridos en Harrold’s, los cortes de tráfico cerca de Buckingam, la densa bruma que flota sobre el Tamesis, los pronósticos de las carreras de caballos de Ascot.
La mujer como cada día suspira amargamente. Vendería su alma para vivir en palacio, pasear sobre el Tamesis, ir a Ascot, y comprar en Harrold’s. La vida sólo le permite acceder a los reflejos y sombras de un mundo que anhela.
Cansada se tumba sobre la cama desbaratada y poco a poco desliza su mano hacia su bolso de plástico para extraer las ganancias del día : unas medias, una gargantilla, una pulsera.
Todo de Harrold’s
2 comments:
Harmonie, recuerdo vividamente cuándo leí este cuento en La Lupe. Me sorprendió el tono de nostálgica resignación, de decadente elegancia... y por supuesto el final breve e irónico.
Hola Ricardo,
Quiero darte las gracias por haber colgado este cuento en tu página y felicitarte de paso por el trabajo desinteresado que estás elaborando al dar a conocer nuestros escritos.
Muchas gracias y enhorabuena
Harmonie
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