<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723</id><updated>2011-10-04T10:09:30.635-07:00</updated><title type='text'>RICARDO JUAN BENITEZ</title><subtitle type='html'>Cuentos de autores amigos</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>9</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-7225606767515046809</id><published>2007-11-30T17:07:00.000-08:00</published><updated>2007-11-30T19:11:21.631-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1DF0IY6mCI/AAAAAAAAAHw/DM_gPF1AYDw/s1600-R/miguel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5138824674225592354" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="158" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1DF0IY6mCI/AAAAAAAAAHw/cu5TvWfDekA/s320/miguel.jpg" width="231" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Miguel Esquirol Ríos, nacido en Bolivia, es periodista, escritor y blogger. Escribe sobre casi cualquier tema, tanto en ficción como en no ficción o en la fina línea que separa esos dos temas. "El forastero" es una bitácora alojada en blogalia que comenzó a escribir en mayo del 2003 cuando estaba por partir de Bolivia hacia&lt;br /&gt;Barcelona. Actualmente vive en Estados Unidos estudiando un master en literatura hispanoamericana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;El Cargador&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5138834110268741682" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" height="199" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1DOZYY6mDI/AAAAAAAAAH4/jPk9t3iyeTg/s320/escribir_es_vivir.png" width="182" border="0" /&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Miguel Esquirol Ríos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie podrá acercarse a la noche y acometer la tarea de conocerla,&lt;br /&gt;sin antes haberse sumergido en los horrores del alcohol.&lt;br /&gt;Jaime Sáenz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor era pequeño como un ratón. Se veía que ya era mayor porque tenía arrugas y algunas canas en el cabello. Constantemente hablaba con su muñeca, tenía implantado en el antebrazo una pantalla procesadora, y lo que hablaba se iba convirtiendo en brillantes letras negras. El decía que así escribía, que después con una cabina cualquiera mandaba sus textos a su editor. Siempre le preguntaba que si tenía editor, y trabajo y todo eso, qué hacía con nosotros. Él sólo se sonreía y me invitaba otro vaso lleno de esa bebida que parece alcohol con un poco de azúcar. Tiene un sabor muy fuerte pero se sube rápido a la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor había llegado una noche en la que estábamos sentados en el bar de Doña Juanita, el Pipa se había quedado dormido sobre una mesa, roncaba con la frente pegada a la madera y el procesador de su nuca emitía luces verdes y rojas. El resto de nosotros sólo miraba los vasos fijamente. Al principio no lo vimos. Cuando se hizo notar dijo que nos invitaba a una ronda. Eso era suficiente para nosotros. Empezó a beber a nuestro lado, bebía mucho. Pronto estaba más borracho que cualquiera. Nos contó chistes, nos hizo reír, también nos contó la historia de un amigo suyo, muerto de hambre en unos cuartos llenos de objetos, creo que alguno lloró con eso. Cuando Doña Juanita nos dijo que ya era tarde, que nos fuéramos, me puse al Escritor en la espalda que se había dormido sobre la mesa y me lo llevé a mi cuarto. Ya desde ese día le decíamos Escritor porque nos había dicho que a eso se dedicaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cuarto es solo un rincón, vivimos cinco personas en esa habitación, por suerte es grande y cada uno tiene una esquina con sus cosas, su colchón, unas mantas viejas, un calendario, yo tengo además una radio. Dejé al Escritor sobre una manta de viaje y me acosté a dormir la borrachera a su lado. Cuando desperté el seguía allí, dormido. Le palpé los bolsillos buscando algo de dinero para desayunar pero sólo encontré un par de monedas. Era suficiente sólo para mí. Lo dejé durmiendo pero me llevé mi radio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encontró en el puesto de la esquina. Estaba terminando un vaso de caliente Api cuando sentí que alguien me observaba. Era el Escritor, al principio pensé que me reclamaba el dinero que le había quitado, pero me di cuenta que no me miraba a mi sino a mi vaso de Api, se lo pasé para que lo terminara. Mientras se acababa la bebida saqué de un bolsillo mi hipodérmica de testo. La dosis casi se me acababa, limpié con un trapo su punta y me la apliqué al brazo. Como siempre un agradable calor me subió por la espalda. Ya estaba listo para trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me vio levantándome me preguntó si me podía acompañar, también quería trabajar de cargador. Me reí un largo rato, un ratón trabajando de cargador. Cuando me pasó la risa le intenté explicar que los cargadores estábamos allí porque éramos grandes y fuertes. Ganábamos poco dinero pero era nuestro trabajo. Yo por ejemplo me inyectaba desde hace mucho tiempo con testo para que mis músculos crecieran. Había tomado muchas pastillas antes. Para endurecer músculos, chutes de adrenalina contra el dolor, pastillas para fortalecer la columna vertebral. Hace tiempo había conseguido unas hipodérmicas que me aumentaron el calcio de los huesos y me reforzaban las junturas de las vértebras. Mis codos y rodillas también habían pasado por ese tratamiento. Era muy doloroso y tuve que pasar mucho tiempo en cama sin levantarme ni para cagar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no era yo el único que había pasado eso, todos los que estamos aquí hemos pasado cosas parecidas. El Pipas por ejemplo tiene los brazos y la columna metálica y los músculos artificiales, además lleva un viejo procesador que a veces se le cuelga en la base del cráneo. Ese procesador le permite controlar sus brazos y su espalda. Sin ese aparato o cuando se le cuelga, es como una marioneta rota. Gracias a eso sus huesos hechos de titanio y sus músculos de fibra plástica pueden levantar un coche. Cuenta que le hicieron eso porque tuvo un accidente que le destrozó la columna. Al Karetas en cambio fueron los militares los que lo jodieron. Le cambiaron la base del cerebro dice, por la de un gorila, y ahora aunque no tiene músculos nuevos, ni testos ni nada, igual puede levantar grandes pesos por encima de su cabeza. Dice que es el gorila espalda plateada que tiene en su cabeza. Hay días enteros en los que no puede hablar y se queda en su cuarto, yo creo que se queda imaginando selvas. Si ves sus ojos muertos puedes ver al gorila mirándote desde ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que el Escritor quería ser cargador, lo tenía claro. Un ratón entre elefantes, ja ja ja. Pero la mirada del Escritor seguía mirándome como si fuera un perro apaleado. Me dijo que quería ser también cargador, aunque sea de bultos pequeños, quería aprender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le expliqué que si quería serlo de verdad podía comprar un poco de testo, y que había cosas más fuertes, pero que le iban a destrozar el cerebro y los músculos. Yo conocía a tipos que le habían reventado los brazos cargando un paquete, que la espalda se les había roto debajo de un saco lleno de papas. El Escritor dijo que no importaba, y que tenía dinero para comprar los testo y todo lo que hiciera falta. Tenía dinero, no era mucho pero podía servir, no le habían revisado en el calcetín. Finalmente me convenció, le dije que me siguiera que lo iba a llevar a mi medico, que si además me compraba unos testo no tenía que trabajar en la mañana y lo podría ayudar. Su rostro se iluminó cuando le dije eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esperábamos que saliera Don Pedrolo, sentados en unos bancos de tres patas y con una mesita llena de Condoritos, nos quedamos callados como dos viejos amigos. Desde las paredes unas peladas nos miraban, una de ellas con grandes melones me sonreía a mi, era del tipo que me gustaban, pero hace mucho no se me ponía dura, cosas del testo me dijo Don Pedrolo una vez. Así que aparté la mirada de la tetona y observé al Escritor que hablaba nuevamente con su muñeca. Tenía canas en el cabello, los ojos oscuros como si le hubieran operado de la vista con un láser viejo, mirado así no parecía tan debilucho, pero era muy flaco. Llevaba un pantalón viejísimo y una camisa medio blanca. Tenía además un jersey de lana sintética de llama color negro, la chomba le quedaba grande pero la camisa que salía debajo parecía que le quedara pequeña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto me soltó: “¿por qué te hiciste eso?”, me preguntó porque el testo, y la columna reforzada, y las rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le expliqué que tenía mis razones para hacerlo, había sido luchador, pero seguro que él no se acordaba de mí, ya nadie se acordaba. Había combatido en campeonatos internacionales, mi nombre lo conocían en todas partes, pero todo eso acabó cuando le reventé la cabeza a un compañero. Era un luchador Chileno recién llegado, era joven pero tenía los músculos de un Hércules, era hermoso, si vieras como se ponían las chicas por él. Era medio rubio con el cabello de suaves ondas, tenía una sonrisa perfecta. Decían que sus músculos los habían construido los americanos, que incluso su corazón era una máquina. Cuando luchamos demostró lo mejor que tenía, sabía artes marciales y esas cosas. Se agarró de mi cabeza con las rodillas con un increíble salto y me intentó tirar al suelo pero yo era más grande y me lancé de espaldas para golpearlo contra el suelo, y me lancé a su cabeza. Pero algo debí hacer mal cuando lo agarré y lo golpee con el puño cerrado. Yo lo quería desmayar, ganar por K.O., pero sentí como si se rompiera una sandía. Mi puño sintió algo pegajoso El muy imbécil no se había reforzado la nuca. Podía tener una columna de tecnología de nave espacial pero se olvidaron de tapiarle la cabeza. Por esa estupidez lo había matado. No era ilegal en ese deporte, pero estaba mal visto. Los chilenos se la cargaron contra mis jefes y mis jefes contra mí. En pocas semanas ya no tenía dinero ni para el testos. Si no quería desinflarme como un globo viejo tenía que conseguir pasta. Trabajé de gorila de discoteca, de guardaespaldas de Narco, pero era demasiado fuerte. En una discoteca le rompí la columna a un niñato de dos metros que se propasaba con su novia. El Narco me quería pero no paré la bala que le destrozó la cabeza, soy fuerte pero no muy rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente llegué aquí. Siempre hay un lugar para tipos fuertes. Aquí nos cuidan, quizás nos tratan como si fuéramos burros de carga, nos alimentan y drogan, y nos dan de a palos cuando hacemos algo mal, pero al menos es un trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Don Pedrolo salió de su consultorio había terminado de comerse un sándwich. Sus bigotes estaban llenos de salsa y un par de cebollas picadas todavía colgaban de las puntas. Sin saludarnos salió hasta la puerta donde se compró un refresco de mocochinchi. Se lo tomó entero y su mejilla se infló con el hueso del durazno. Finalmente se acercó a mí y me extendió la mano. Le presenté al Escritor y le dije lo que quería. Don Pedrolo lo miró raro pero no dijo nada mientras cambiaba el hueso de durazno al otro lado de la boca. Es lo bueno de Don Pedrolo, le puedes decir que te extirpe la cabeza sin anestesia o que te inyecte alquitrán en una vena, si le pagas no se hace ningún problema. Él hace operaciones rápidas, implantes sencillos como los que tiene el Escritor en su brazo, abortos o implantaciones de óvulos. También tiene una pequeña farmacia con todo lo que puedas necesitar. Mientras acompañaba al Escritor a su consultorio le pedí que me sacara un paquete de testos para mi hipodérmica, además como lo pagaba el Escritor le pedí que fueran de marca. Alguna vez me tenía que dar un lujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor salió del consultorio media hora después, yo estaba volando con uno de los testos de lujo que me había dado Don Pedrolo. Sentía como si mi cuerpo fuera el de un coyote o un zorro corriendo a toda velocidad por el campo detrás de un conejo. Si cerraba los ojos casi podía oler el aire húmedo y el rastro del animal. Era un testo condenadamente bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor me mostró su espalda. Donde antes tenía el montículo de huesos de la columna vertebral ahora tenía un brillante caparazón recto y articulado como una serpiente. Era un protector lumbar, una espalda de tortuga, así le decíamos. Era buena marca aunque se veía óxido entre las articulaciones, eso quería decir que no era tan nueva. También me mostró una hipodérmica que le había dado. Tenía veinte tomas de analgésicos contra el dolor y otras veinte de un reforzador de músculos. Esto evitaría que se le desgarraran como un papel, pero el problema es que esa droga se te subía a la cabeza. Se siente como si una rata gris te caminara dentro el cerebro buscando una pose para dormir. No sabía lo que pasaría con la dosis que le había dado don Pedrolo. Pero bueno, eran los músculos y la cabeza del Escritor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salimos a la calle me sentía como un profesor con un alumno nuevo. Con un gesto abarqué todo el mercado mostrándole cual sería su universo a partir de ahora. Delante nuestro cientos de personas avanzaban en todas direcciones empujándose y cediendo el paso, cargados de bolsas, de bultos. Mirando ávidos las mercaderías. Los puestos de venta estaban distribuidos en tres formas. Los primeros eran pequeñas tiendas en las bases de los edificios, las persianas metálicas subidas y la mercadería inclinándose hacia la calle. Estos eran los puestos más caros y de productos especiales. Había tiendas de juguetes, de zapatos, de música, de carne, todo lo que te pudieras imaginar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes puestos estaban organizados en bloques y pasillos. Eran puestos que podían encerrar a los productos por la noche, activaban las alarmas y los sistemas de seguridad. Eran puestos fijos de vendedores minoristas, vendían ropa, productos de higiene, bebidas alcohólicas, torres de mercadería a la vista y que de noche se ocultaban tras el cofre metálico. Desde la inmensidad de sus pequeñas tiendas surgía a cabeza o el torso del vendedor, muchos iban conectados a una emisora local, otros veían a la gente que pasaba con una miraba de cazadores de presa. Los compradores se paraban momentáneamente observando los productos, el vendedor desde el interior iba recitando marcas, precios y medidas como si fuera una máquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último tipo de puesto era el ambulante, podían ser carros llenos de dulces, herramientas de trabajo, películas, aparatos tecnológicos. El puesto ambulante avanzaba ofreciendo sus productos sobre carretillas, coches de dos ruedas, bicicletas con plancha expositora e incluso sobre la cabeza de la vendedora. La otra variedad ofrecía las mercancías directamente sobre el suelo, encima de aguayos o telas bastas, allí vendían fruta, verdura, contactos de electricidad, diferentes tipos de tarjetas. Estos puestos cambiaban siempre de lugar. Aunque existían asociaciones y sindicatos de vendedores con complicadas estructuras y categorías sociales, toda la geografía del mercado podía cambiar de un día para otro. La información corría entre los puestos mayores gracias a los vendedores ambulantes, contraseñas, informes e instrucciones permitía que el mercado se autorregulara de forma automática. Así entonces la marea humana de compradores entraba en íntimo contacto con los vendedores ansiosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera de estos puestos de venta, se podían encontrar muchos otros particulares desparramados en toda la superficie del mercado. Por ejemplo bloques enteros de comedores al aire libre, gigantescas ollas cocinando desde muy temprano guisos y sopas. Vendedores cargados con platos de comida, refresco, café o helados avanzando entre la multitud. Pequeños ataúdes verticales de vidrio donde podías encontrar a los tecnos, estos te arreglaban la radio, te cambiaban la pila del reloj o te hacían una reparación sobre la marcha en el procesador que llevabas implantado en la órbita del ojo. Matones y agentes de seguridad recorrían el mercado con arpones eléctricos y cámaras filmadoras detrás las pupilas de vidrio. Hombres pequeños con chaquetas amplias que ocultan relojes falsificados, implantes orgánicos y títulos de propiedad de lunas que no existen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de la multitud se pueden ver desde lejos unas montañas avanzar. Gigantescos bultos que sobresalen de la multitud y que avanzan evitando aplastar a las vendedoras sentadas en el suelo. La superficie uniforme de cabezas es interrumpida por esos hombros y cabezas, normalmente cargados de toda clase de bultos. Son como icebergs recorriendo lentamente los mares del sur. Estos son los cargadores, gigantescos hombres musculosos llevando sobre los hombros atados de mercadería que pueden superarlos fácilmente en peso. En el mercado es tal la densidad de la gente y hay tanto obstáculo en medio de las calles borradas hace tiempo, que cualquier vehículo que se aventure en esta región queda rápidamente detenido a no ser que decida empezar a empujar peatones con furia y a pasar encima de puestos de fruta, y hay quienes lo hacen. Buques rompehielos que van dejando un reguero de insultos y huesos rotos. Es por esta razón que los cargadores son la mejor forma de transportar mercadería en cantidad. Sus cuerpos modificados ya sean genéticamente, mecánicamente, por drogas o por cirugías mayores avanzan por la multitud llevando sobre los hombros cajones llenos de fruta, atados de verduras o de ordenadores de bolsillo taiwaneses. En alguna ocasión incluso se puede ver al cliente subido en la espalda de su cargador junto a sus bolsas de compras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor miraba todo esto fascinado. Incluso se había olvidado de hablar en voz baja con su muñeca. Tenía los ojos bien abiertos y observaba lo que ocurría delante suyo como si de verdad fuera digno de ser admirado. Yo me quedé viéndolo sorprendido por su propia sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dirigimos a la sección de descarga donde podríamos conseguirle trabajo a un alfeñique como él. A medida que nos acercábamos una nube densa de polvo se posó sobre nuestros hombros, en el suelo el polvo finísimo de yeso y los cascotes de ladrillo roto hacían que caminar fuera una tarea peligrosa. En ese instante unos camiones muy largos hacían su entrada que levantaban a su paso densas nubes de polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teníamos suerte, acaban de llegar los camiones de cemento, tendrían un trabajo incluso para mí. Ya se encontraba el contratista escogiendo a los cargadores que estaban esperando el camión. Cuando me vio me hizo un gesto de bienvenida con la mano, después escupió sobre el suelo de yeso un flemón manchado de rojo. “¿Quien es tu amiguito?”, me preguntó cuando estuve más cerca de él. “Un nuevo cargador, le acaban de instalar una espada de tortuga”. El contratista lo miró con un gesto de incredulidad en el rostro. “Así que sigues dopado con los tranquilizantes” le dijo golpeándolo en el hombro, “ya verás cuando se empiece a despertar tu espalda”. Le pregunté si tenía trabajo para nosotros y nos señaló con un dedo los camiones que acababan de llegar, eran trailers de 18 ruedas con remolques de tamaño similar por detrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos en la sección de carga, la más alejada del mercado y el único camino por la que podían llegar los vehículos. Había una sección para comida, la sección de materiales de construcción que era donde nos encontrábamos, una tercera para todos los otros productos y la cuarta para la basura. Aquí llegaban los productos, los materiales pasaban a sus propietarios y estos con la ayuda de un cargador lo llevaban hasta su caseta o puesto de venta. Este lugar estaba repleto de gente a primera hora. Es un trabajo seguro para los cargadores, pero conseguir contratos temporales dentro del mercado da más dinero. Cuando necesito dinero seguro vengo a la sección de carga, pero si ya tengo mis dosis de testa y dinero para beber prefiero ir en busca de clientes particulares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dieron un camión para nosotros dos y para El Indio. Supuestamente cada camión era para dos cargadores si es que no había prisa, así que sospeché que lo hacían por causa del Escritor. Seguramente también nos pagarían menos, al final de cuentas lo hacían como un favor. El camión se abrió con un deslizarse de muelles y dos hombres nos vieron con los ojos rojos desde dentro. Ellos se encargarían de ponernos las bolsas de cemento en la espalda. Comenzamos con calma, el Indio y yo cargábamos diez bolsas cada uno, era un buen número para no tardar demasiado ni para cansarnos. Después teníamos que recorrer unas dos manzanas hasta los almacenes de cemento y nuevamente regresar a cargar diez bolsas más. El Escritor cargó primero cinco bolsas y cuando intentó la sexta sus piernas no lo aguantaron así que se la tuvimos que quitar. Era su primer día y recién había empezado a tomar el reforzador de músculos así que no le exigimos más. Empezamos a realizar los viajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si las bolsas de cemento estuvieran cerradas al vacío, el cemento aun saldría hacia el exterior, así de fino es el polvo de cemento. Pero estas bolsas no están cerradas al vacío ni mucho menos, así que cada vez que te lanzan una nueva bolsa de cemento a la espalda una nueva nube se eleva para depositarse con suavidad sobre tu cabello y ropa, pegarse a tu piel introducirse a tu nariz y boca y a todos los orificios de tu cuerpo. Con la humedad que tu cuerpo la piel cobra una especie de capa resistente que se resquebraja con el movimiento. Lo mismo ocurre en tu nariz y boca sólo que cuando hay movimiento, como un ataque de tos, el cemento se mete para adentro. Trabajar con cemento es fácil, sólo hay que llevar bolsas de cemento de un lado a otro. El problema es cómo te queda el cuerpo y la cabeza después. El cemento en polvo también se te mete a tu flujo sanguíneo y llega hasta tu cabeza causándote dolor como si te hubieras emborrachado con queroseno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de horas después ya habíamos descargado el camión. Teníamos el cuerpo cubierto por una capa grisácea y unos regueros, como los afluentes de un río, hechos por el sudor. Sólo hay una forma de quitarte el dolor de cabeza y el sabor de cemento de la boca. Con mi mano izquierda en la agotada espalda del Escritor y el Indio siguiéndonos a pocos pasos detrás de nosotros nos dirigimos al bar de Doña Juanita. Allí nos estaba esperando una fría jarra de algo muy parecido a la cerveza sólo que sin burbujas y sin espuma, o sea una amarga bebida alcohólica fría como el demonio. También nos esperaba un plato hecho de arroz y mote. El mote eran de uno nuevo tipo de maíz que daban granos del tamaño de una tarjeta de memoria, además no tenían ningún sabor y al masticarlos parecía corcho, pero por lo que pagábamos no podíamos pedir nada más. Afortunadamente doña Juanita sirve la llajua más picante de todo el mercado y con la boca ardiendo como un volcán cualquier comida sabe bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor me preguntó sobre el Indio que comía en la mesa de al lado y que hasta ahora no había dicho nada. El Indio tenía casi mi tamaño, los brazos tan anchos como las piernas del Escritor y la piel como con la textura y el color de una montaña de greda. El Indio era el único cargador que conocía que no tenía nada artificial, ni implantes, ni operaciones, ni hormonas, ni testo, ni nada. Alguna vez alguien nos contó que había nacido así, un gigante bobalicón, en un pueblo de campesinos del altiplano. Pronto se dieron cuenta que el niño era especial, a los 10 años ya tenía la estatura del padre y pronto ya tuvo que dormir en el establo junto con unas llamas flacas porque no entraba en la casa. La comunidad estaba asustada así que con buenas maneras lo echaron, su madre lloró y su padre cogió su manaza entre las dos suyas y le deseó lo mejor. Nadie sabe a ciencia cierta cómo llegó al mercado, no sabe ni una palabra de castellano pero al parecer lo entiende porque nunca ha tenido problemas con las órdenes. A parte de eso no se sabe nada más de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor en ese instante se levantó con su plato y se fue a sentar a su lado. Al principio se quedaron los dos callados comiendo su arroz y su mote. Pero en un momento el Escritor dijo algo en voz baja y el gigante se le quedó viendo con los ojos abiertos. En seguida le respondió también en voz baja y ambos hombres empezaron a hablar. La comida del Indio casi se enfriaba pero él seguía hablando, el Escritor sólo escuchaba y de rato en rato hacía alguna pregunta o asentía con la cabeza. Cuando terminó la conversación el Escritor volvió a mi lado y me contó lo que habían hablado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice que el Indio habla Quechua, un idioma casi desaparecido en la ciudad pero que aun se habla en algunas comunidades. Le contó que la historia del pueblo era cierta, que su padre lo había despedido deseándole lo mejor pero también le había dado la dirección de un pariente suyo en la Ciudad del Alto. Cuando el Indio había escuchado aquel nombre se le había iluminado el rostro y había pensado que con ese nombre La ciudad del Alto era la ciudad perfecta para él. Después de varios días de camino llegó a El Alto, una ubre hiperurbanizada a varios kilómetros de La Paz que se había convertido en el último tiempo en refugio de moros, paquistaníes, iraníes, etc. Moros llegados desde el otro lado del planeta que habían convertido a la ciudad en una especie de zoco árabe. Al principio les costó acostumbrarse a la altura pero finalmente lo habían conseguido y los edificios mal construidos de adobe y ladrillo pronto confluyeron en angostas callejuelas resguardadas del frío altiplánico mientras que sus mujeres combinaron el burka con las muchas polleras de la chola paceña para combatir el frío. Allí encontró al pariente de su padre que sin decirle nada lo contrató para sus obras. Estuvo construyendo casas mucho tiempo hasta que un día su tío murió de un accidente al caerse del edificio en el que trabajaban. Tuvo que marcharse ya que nadie entendía su idioma y el no entendía esa mezcla de árabe y aymará que se escuchaba por allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó al Chapare donde estuvo un tiempo trabajando en plantas de maceración de coca pero un día se enfrentó a un caporal que a pesar de medir metro y medio lo tratara como si él fuera un enano. El golpe no le había hecho nada, salvo reventarle la nariz y dejarlo desmayado un par de horas. Pero cuando despertó persiguió al Indio a balazos hasta la carretera de salida del chapare. Llegó caminando hasta Cochabamba, por el camino lo quisieron meter en un movimiento indígena como guardaespaldas del líder pero él era una persona pacífica (a no ser que lo trataran como enano) así que siguió su camino. Finalmente llegó al mercado donde vio un trabajo sencillo que podía hacer bien y se quedó aquí. La última confesión que le había hecho al Escritor fue que no sabía ni una palabra de castellano y ni siquiera lo entendía. Lo que pasaba es que era muy bueno entendiendo signos y gestos, así que nunca había tenido problemas con las direcciones que les daban, direcciones que al final las podían entender hasta un burro de carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunté al Escritor dónde había aprendido a hablar ese idioma. Me contó que lo había aprendido en los libros de una biblioteca, los pocos libros que conservaban aquel idioma, me dijo que era un idioma dulce pero yo le dije que sabiendo castellano, quechua y un par de palabras en inglés de las películas, era suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de la tarde estuvimos descargando tablones de madera. Era un trabajo fácil, ya que los tablones eran mucho más livianos, pero podía ser complicado porque eran listones muy largos y difíciles de manejar. El Escritor resultó bueno bajando tablones. Entendía muy bien cómo había que manejarlos, como si fueran gigantescos tacos de billar, y pronto me tuvo que dar una mano con aquellos que se quedaban atravesados dentro el camión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche después de cenar unas papas hervidas como mucho ají rojo el Escritor me preguntó si tenía espacio en mi casa para él. Le pregunté si no tenía más dinero, porque había unos cuartos baratos cerca del mercado donde seguro estaría más cómodo pero me dijo que todo el dinero que tenía era el que había ganado hoy, lo que había traído lo había gastado en su operación. Le dije que si se compraba un manta se podía quedar en un rincón de la casa. Una sonrisa le iluminó el rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche yo dormía soñando con una gigantesca llanura por la que avanzaba como si fuera un gigante, un gigante grácil de piernas muy largas. Antes de acostar me había puesto otra dosis de testo y los sueños eran hermosos. Cuando de pronto un gemido me despertó. Era un gemido de dolor, más bien era un grito ahogado. Mis compañeros de habitación se movieron en su sitio sin llegar a despertar. Era peligroso despertar a uno de esos gigantes a media noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté con la luz que entraba de la calle, la calle siempre tiene las luces encendidas. El Escritor estaba mordiendo su frazada recién comprada mientras un reguero de lágrimas le bañaba el rostro. Pensé que lloraba, de rabia, de pena, de frustración. Yo había llorado de esas cosas en alguna ocasión. Pero no, las lágrimas no estaban solas, tenía el cuello mojado de sudor y la espalda arqueada hacia atrás. El anestésico de Don Pedrolo se le estaba pasando. Ahora si que debía sentir dolor. La espalda de tortuga se acopla directamente con la columna vertebral con unos grampones en determinadas vértebras. La espalda de tortuga está hecha para protegerte la columna pero nadie había dicho que era una bonita operación: La piel separada y cauterizada por donde entraban los grampones, y las terminaciones eléctricas conectadas con la médula para poder moverla sin problemas. Saqué de debajo de la almohada del Escritor su hipodérmica y le inyecté dos disparos en el cuello. Esto lo tranquilizaría, claro que a la mañana siguiente tendría una resaca como si una gorda se le hubiera sentado en la cabeza. Aun agarrotado con la espalda tensa y la cabeza inclinada hacia atrás finalmente el Escritor parecía que dormía. No quería imaginar sus sueños y de ser posible yo quería volver a los míos. Sueños de gigantes elegantes sobre la pradera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando desperté a la mañana siguiente el Escritor fumaba sentado sobre sus mantas, su rostro parecía cansado y un tanto gris pero al parecer la espalda ya no le dolía tanto como la noche pasada. Nos levantamos sin decir nada y fuimos a desayunar a un puesto de la esquina. Ya más despejados el Escritor me comentó si ese día también quería que le de una mano, me prometió que después de hoy ya no tendría que guiarlo y que él podría hacer sólo su trabajo. Como aun tenía los testo que me había comprado y no estaba mal de dinero le dije que lo ayudaría pero que ese día iríamos a buscar clientes particulares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez desayunados nos zambullimos en la multitud, yo podía ver sin dificultad por encima de las cabezas de la mayoría de la gente y ellos tendían a apartarse de mí, así que no tenía problemas para avanzar. El Escritor en cambio caminaba detrás de mí salvando obstáculos, pidiendo disculpas por los empujones y de rato en rato buscando mi cabeza en la multitud para no perderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buscar clientes particulares es sobretodo un arte. Ellos nos ven sin ningún problema por nuestro tamaño pero tenemos que ser nosotros los que nos ofrezcamos voluntarios. Tenemos que poder reconocer en la multitud algún rostro expectante buscándonos hacia lo alto. Encontrar ese rostro y acércanos inmediatamente bien dispuestos es un acto reflejo. Hay además una especie de ética laboral que no te permite acercarte a un cliente que ya tenga cargador a no ser que este último te haga un gesto para que lo ayudes con la carga. También es una razón de orgullo no necesitar ayuda para la carga y ponerse todos los bultos sobre los hombros sin ayuda y sin necesidad de un segundo viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos deambulando entre la multitud buscando clientes. Primero recorrimos la sección de papas y arroz, donde había posibilidad de encontrar clientes, después nos acercamos a la sección de tecnología. Llevar una televisión plana del tamaño de un pequeño cine o la enorme caja donde se almacenan cientos de altavoces para distribuirlos en toda la casa es un trabajo peligroso. Las cajas son livianas pero voluminosas y sumamente frágiles. Alguna vez algún cargador cayó de rodillas con un televisor de pantalla plana, el medio centímetro de ancho de la pantalla quedó convertido en arena. No se sabe que ocurrió con aquel cargador, la ira de su cliente se volvió en algo legendario y aun inventamos e imaginamos las torturas que le hizo sufrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente llegamos a la sección de muebles. Aquí de seguro encontraríamos clientes ya que es casi imposible que dos personas llevarse a rastras un sillón recubierto de imitación de piel. Estuvimos observando a la multitud que abría puertas de armarios, medía escritorios y comparaba tonos y tintes de madera. Finalmente detecté a nuestras dos próximas clientas. Estaban comprando un juego de sillones color rosa, el material era una especie de cuero teñido y estaba estampado con grandes flores de pétalos carnosos. Eran cuatro muebles, un sillón doble y macizo y dos simples. Era justo lo que necesitaba para que el Escritor pudiera continuar como cargador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a las dos jovencitas que miraban ansiosas en busca de ayuda. Su primer gesto al mirarme fue de aversión con un fruncir de labios y de elevar la nariz. Un gesto casi automático que detecto en las mujeres desde hace mucho tiempo. Cuando estoy sin camisa frente a un espejo, dos situaciones que en general nunca coinciden. Puedo ver mis músculos crecidos desproporcionadamente con venas azules y medio amoratadas, el efecto normal del testo. Mi rostro tampoco es un poema ya que después de muchos años de lucha libre el rostro es lo que más sufre puesto que no existe un sistema de protección decente para el rostro. Así que tengo el rostro como una papa particularmente grande y vieja. Tengo el pecho también hinchado por el testo y parece que tuviera dos tetas de vieja, pero en realidad son duras masas de los músculos pectorales. Tengo las piernas entreabiertas a los costados ya que no las puedo juntar por causa de los tríceps crecidos, además la espalda semirígida por el refuerzo en las articulaciones me da una apariencia medio desgarbada. Es normal que las niñas pongan ese gesto al verme, pero duró sólo unos instantes. Después con una simpatía que les surgía de lo más profundo de sus cuerpecitos estallaron en unas sonrisas de alegría al vernos acercarnos a ellas. También la presencia del Escritor parecía haberlas tranquilizado. Incluso daban saltitos de alegría cuando nos pusimos a su servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la primera vez que venían al mercado. Eran niñas de calidad, jovencitas de familia de mucho dinero, eso se podía ver al instante. Tenían la piel perfecta con un ligero tinte de bronceado. Podría ser por rayos uva o tintes artificiales, pero por la apariencia que tenían se trataba más bien de largas temporadas en playas privadas. Era posible imaginárselas desnudas sobre una toalla en medio de una playa paradisíaca. A pesar de la agradable escena y una tonta sonrisa en mi boca mi entrepierna se mantuvo inmóvil. Las niñas tenían un elegante implante en el lóbulo derecho, así como en la muñeca. Instalaciones mucho más finas y cuidadas que las del Escritor. Una de ellas tenía un ojo cubierto con un lente, lo que supuse era una cámara de video transparente. Tenían los cabellos recortados con mucha gracia, una de ellas color rosado, el mismo tono que los sillones mientras que de la otra el tono cambiaba según se encontraba en sombra o en el sol entre verde y azul. Vestían con gracia, mostraban unas piernas finas, como de porcelana. La del cabello que cambiaba de tonos iba vestida con botas militares y la otra con unos elegantes zapatos que parecían más propios de una barbie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos pusimos los sillones a las espaldas. Yo me cargué el sillón de dos plazas más un par de bolsas de compras que tenían. El Escritor se cargó primero uno de los sillones individuales y después le ayudé a cargarse el otro. Sus músculos habían mejorado desde el día anterior. Se movía con más soltura y aparentaba que hacía menos esfuerzo. Les ofrecí que se sentaran en el sillón sobre mis hombros. Sabía que no sentía nada físico por esos primores, pero igual me hubiera gustado sentir su peso y su olor de cerca. Ellas se miraron divertidas pero finalmente declinaron la oferta, prefirieron ir caminando al lado nuestro hablando rápidamente a toda velocidad. Al parecer el Escritor le resultó simpático porque empezaron a contarle sus cosas. Le contaron que era la primera vez que venían al mercado pero que estaban armando su departamento y no querían pedirles dinero a sus padres. Le contaron que estudiaban cine, de allí el implante de cámara, pero habían decidido que “ya era hora de vivir solas” y que vivían ahora en un bellísimo departamento del centro de la ciudad. Su parloteo me empezaba a cansar, pero el Escritor les pinchaba para que siguieran hablando. Ellas le contaron que eran pareja desde hace un par de meses pero que sus padres no lo sabían, seguramente se volverían locos si se enteraban que iban a dormir la misma cama. Habían dicho que se mudaban con una amiga de la universidad y no habían tenido problema con eso. Seguramente algún rato les tendrían que decir, o quizás primero se irían a estudiar al extranjero y se lo dirían cuando regresaran. Se reían imaginando la situación, bajando del avión cogidas de la mano y dándose un beso enfrente de sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente llegamos a la parada de taxis, habían vehículos de todas clases, algunos viejos coches a gasolina, pequeñas camionetas eléctricas, silenciosas pero lentas. Motocicletas para viajes veloces. Incluso vimos un par de taxis de hidrógeno, tenían una línea elegante, como si se tratara de una nave espacial. Iba casi pegado al suelo pero sus sensores hacían que las llantas se desplacen siguiendo la línea de la calle los baches o las cunetas sin que el vehículo note ningún movimiento. Las niñas que a pesar de querer ahorrar comprando en el mercado decidieron viajar en uno de los taxis de hidrógeno, seguramente era eso a lo que estaban acostumbradas. Después de pagarnos se despidieron con un precioso gesto, como un puchero antes de subirse al taxi riendo, cogidas de la mano. Nos repartimos el dinero y regresamos hacia el mercado en busca de más clientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es quizás una de las cosas más extrañas que ocurre en el mercado. Esa mañana trabajamos con esas niñas, llevamos varias cajas llenas de jabones desde un vendedor mayorista hasta el puesto de un vendedor al pormenor. Acompañamos en sus compras a una anciana que cocinaba para todo un orfanato, y llevamos más de dos docenas de bolsas de compras de un cocinero que tenía un elegante restaurante en el centro de la ciudad. En sólo un día trabajamos para personas de todo tipo. Niñas con los últimos implantes japoneses, mujeres que aun seguían lavando a mano, hombres que en un día ganaban más que nosotros en toda nuestra puta vida, y trabajadores del mercado que vivían al día y tenían que especular con los precios para seguir adelante. La selva de personas, clases sociales y billeteras que se podían encontrar en ese lugar era una mezcla única. Al menos esa fueron las palabras que me dijo el Escritor esa noche al sentarnos para cenar un asado con arroz. Habíamos trabajado duro aquel día y estábamos agotados pero contentos. Teníamos dinero en el bolsillo y pronto las jarras de alcohol empezaron a circular delante de nosotros. El Escritor empezó a explicarme su teoría de nichos sociales, algo que no entendí nada salvo que el mercado era un punto donde se unían todas esas personas diferentes con las que habíamos trabajado. Después de comer estuvo conversando largamente con su muñeca, seguramente grabando todas las cosas que había visto durante el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche decidimos darnos un premio por un día bien trabajado. Así que decidí llevar al Escritor a una sesión de cine. Era una habitación oscura en la calle de los burdeles. En una pantalla gigantesca pasaban una película americana, era una película de ninjas. Ahora los americanos hacen muchas películas de ninjas. Y a pesar de que la pantalla era taiwanesa (por lo tanto deformaba mucho la imagen) la pasamos muy bien. Aplaudíamos cuando uno de los malos moría en un charco de sangre burbujeante y abucheábamos en conjunto cuando el héroe era traicionado por su novia. Al principio al Escritor se mantuvo callado mirando la película pero pronto ya gritaba como nosotros y se reía a carcajadas cuando los brazos cortados de los malos caían al suelo. La película terminaba con una escena musical en la que todos bailaban. Esa era una nueva moda americana que habían sacado del cine hindú. Al parecer había muchos hindúes en la sala o la gente había visto muchas veces la película porque empezó a cantar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando terminó y encendieron la luz pedimos que trajeran más jarras de alcohol. Teníamos que celebrar. El día siguiente era día de feria así que tendríamos mucho trabajo pero no nos importaba. Todos a beber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto se juntó a nuestra mesa el Pipa. Se sentó con un ruido de óxido de su columna metálica. Nos dijo que estaba ahorrando dinero para que don Pedrolo le hiciera un pulido porque ya no aguantaba el ruido, cada vez que se movía sonaba, así no había quien pudiera dormir. También llegó a nuestra mesa el Tubos. El Tubos había estado fuera de servicio algunos días. Había tenido una pelea con unos chiquillos con navajas. Dice que ahora los está buscando y que va ser mejor para ellos que no los encuentre. El Tubos tiene una instalación hidráulica. Trabajaba en construcción y en minas. En esa época había habido una subida del precio del estaño y había estado trabajando en Potosí. Sus jefes habían invertido en una instalación hidráulica para el trabajo en pozos. Les habían cambiando los músculos de brazos y piernas por bombas hidráulicas. Trabajaba todo el día con martillos hidráulicos para destrozar piedra. El martillo lo apoyaba en el hombro o en las piernas y sus propios músculos generaban la energía para trabajar. Era por eso que le salían unos tubos de los antebrazos y se le perdían por la espalda y lo mismo de las pantorrillas y los muslos. De cada extremidad le salían cuatro tubos, dos para el brazo y dos para el antebrazo y lo mismo en las piernas, y todos se reunían en la espalda, en una pequeña bomba que le habían puesto en la base de la columna. Los tubos estaban llenos de un líquido denso como el líquido de frenos. No se comprimía ni se dilataba con el calor o la presión. Gracias a eso tenía la fuerza para levantar o arrastrar pesos increíbles. El tubo que conectaba al martillo hidráulico lo había sellado cuando el mercado del estaño colapsó y todas las minas cerraron. Ahora trabaja como cargador y en ocasiones lo contratan para ayudar a hacer obras, sale más barato contratarlo a él que pagar por una perforadora mecánica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto de las navajas fue feo, finalmente contó. “Estaba sentado en una de las mesas de Doña Juanita cuando entraron dos parejitas de niñatos. Qué habrán estado haciendo ellos ahí. Seguramente querían aparentar de machitos ante sus novias. Claro que las que provocaban eran ellas, iban con minifaldas y medias de red. Empecé a hacerles chistes, les conté de mi potente martillo hidráulico y si lo querían probar” el Tubos casi se atora riéndose nuevamente por el chiste, “cuando uno de los niñatos se acercó con un cuchillo y me el cortó el tubo del antebrazo. Con el brazo izquierdo arruinado le arrojé la mesa con la derecha, se lo llevaron con la nariz sangrando pero no tenía tiempo para perseguirlos porque me estaba chorreando entero”. Nos contó que el líquido de frenos que utiliza se ha puesto muy caro, así que tuvo que buscar algo para tapar los cortes y empezó a recoger el líquido con un trapo. Nos mostró los tubos reparados con cola rápida, un apaño barato de los tecnos. Estaba furioso “Ahora tengo el brazo izquierdo medio débil por culpa de esos niñatos, hasta que tenga pasta para comprar más líquido y quizás un tubo nuevo”. Todos sabíamos que él se había causado los problemas y que aquellos niñatos tenían huevos para haber hecho lo que hicieron, pero igual le prometimos avisarle si los veíamos por allí con sus “perras”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor había estado escuchando muy atento la historia del Tubos, y cuando termino empezó a hablar con su muñeca. Estuvo unos quince minutos así y cuando termino se le iluminó el rostro al volverse hacia nosotros. Empezó a beber nuevamente brindando por todo y por nada y esa noche casi me lo tengo que llevar a cuestas nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día de feria es un día especial en el mercado. Si cada día hay mucha gente caminando por la calle, ese día la multitud se duplica o triplica. Es cuando llegan al mercado productos nuevos, la gente entonces llega para comprar en cantidad y a buen precio. Desde muy temprano se amontonan para comprar pescado de camiones llenos de hielo, fruta de camiones recién llegados del chapare con montañas de mangos, piñas o papayas. Se pueden comprar televisores de pantalla plana. Sacos de harina. Toneles de aceite. Sucedáneo de carne. Grandes atados de algas. Cajas de productos de belleza. En fin, ese es el día en el que los minoristas compran en cantidad para vender piezas sueltas y ganar en la diferencia de precios. Es también el día que más trabajamos los cargadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy temprano en la mañana ya estábamos en la zona de descarga. Casi todo el mundo estaba allí. El Escritor que se había despertado con muy mala cara miraba a los gigantes que tenía a su costado con una mezcla de miedo y fascinación. La multitud estaba silenciosa, entre gruñidos y discusiones en voz baja. Los cargadores en general no somos conversadores y preferimos meternos en nuestros propios asuntos. Había dormido pocas horas pero el dolor de cabeza se me había pasado por la dosis de testo que me había puesto antes de venir. Era la penúltima que me quedaba, la siguiente, al pagarla yo, no sería de tan buena calidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día apenas pude ver al Escritor. Teníamos mucho trabajo y no podía detenerme para ayudarlo con sus cajas o sus bultos. Había conseguido trabajo, ese día todo el mundo lo hace, y las pocas veces que lo ví, estaba silencioso bajo un bulto casi de su mismo tamaño derramando regueros de sudor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora de comer no apareció donde doña Juanita y me di cuenta que extrañaba su conversación, muchas veces no entendía lo que decía, pero a pesar de eso era entretenido. Comí en silencio como siempre he acostumbrado a hacerlo, aunque miraba a mi alrededor curioso, intentando ver lo que le sorprendía y atraía tanto al Escritor como para venir aquí a trabajar con nosotros. No pude descubrirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, de nuevo donde doña Juanita, lo volví a encontrar. Me contó que había estado todo el día descargando cajas de televisores. Al parecer despertaba confianza ya que aunque no era tan fuerte trataba con delicadeza los equipos. Brindamos por un buen día de trabajo y empezamos a beber. El día siguiente sería más tranquilo así que hoy pedimos que nos trajeran mucha más bebida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche volví a despertarme por los gemidos del Escritor. Parecía que seguía teniendo problemas con la espalda. Después de ayudarle a inyectarse los tranquilizantes y esperar que surtiera efecto le pregunté cómo le iba con los reforzadores de músculos. Mientras fumábamos a medias un cigarrillo me contó que tenía toda la piel morada como si lo hubieran golpeado con largas varas de madera, y también le dolía como si lo hubieran apaleado pero funcionaba. “Y la cabeza”, le pregunté. Me dijo que bien, que le dolía a ratos y que tenía pesadillas pero estaba acostumbrado a los dolores de cabeza. Toda su vida había tenido migrañas y estas no eran las peores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó que hace tiempo vivía en La Paz, tenía un pequeño apartamento y allí pasaba muchos días escribiendo y leyendo. En esa época los dolores de cabeza parecía que se la iban a abrir por dos, pero aprendió a sobrevivir con ellos. Cuando le llegaba la migraña encendía un cigarrillo y se concentraba en el calor de su punta, mientras fumaba. Poco a poco el dolor se iba marchando junto al humo. Cuando se acababa el cigarrillo el dolor había desaparecido casi completamente. Después tosía toda la noche sacando alquitrán de los pulmones. También me contó de las noches en las que llegaban amigos a su piso, se quedaban en silencio, sin hablar escuchando música. O cuando decidían salir de noche y terminaban bebiendo y congelándose por el frío en alguna plaza de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dijimos buenas noches y volví a acostarme. Antes de dormir volví a escuchar un par de veces los quejidos del Escritor. Esa noche yo también tuve pesadillas, recorría largos pasillos sin llegar nuca a ningún lado y veía el humo de un cigarrillo elevarse como si el mundo entero se estuviera quemando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días después fue el primer fin de semana que el Escritor la pasó aquí. El sábado es también día de feria y trabajamos hasta tarde, pero como el domingo casi nadie viene al mercado nos podemos quedar hasta tarde bebiendo donde doña Juanita. Este sábado en particular el Tubos nos convenció de pasar por el burdel, tenía ganas de hacer funcionar su martillo neumático. A mi no me apetecía demasiado pero acepté la propuesta, el Escritor también nos acompañó. Parecía que la espalda estaba cada día mejor, pero el refuerzo muscular le estaba destrozando. Después de un día particularmente difícil mientras nos dirigimos al burdel él arrastraba las piernas sin ganas. Se había hecho con una caja de vino que tomaba a sorbos mientras nos seguía. Estaba callado y parecía que algo le preocupaba. Mientras esperábamos que las chicas nos atendieran me dijo que estaba bien, que estaba muy cansado pero que hace muchos días no escribía. Me mostró su antebrazo y la pantalla blanca de su procesador. A mi eso no me decía nada pero al parecer esa pantalla blanca lo perturbaba mucho. Finalmente cuando llegaron las chicas le dije que se olvidara de eso y que se fijara en las tetas de la que le había tocado. Que eso le alegraría el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La que me tocó a mi tenía unas lindas tetas, parecían de buena marca, no tenía esos inflamados pezones típicos de Don Pedrolo. Me aferré a sus melones y le empecé a chupar con ganas. No sentía nada en la entrepierna pero me gustaban esas formas suaves y cálidas en la boca. La mano de la chica me palpaba la entrepierna. Ya me había pasado eso alguna vez. “Lo siento reina, la testo me causa eso”, “Pero cariño, ¿no te gusto?, ¿no estoy buena para ti papito?”. Me causaba gracia que se sintiera ofendida por mi falta de ánimo. “Estás rica reina, no es tu culpa”. “¿Puedo intentarlo?”. Con un gesto le enseñé la bragueta para que lo intentara. Estuvo besando, lamiendo y chupando un buen rato hasta que se aburrió. Yo la pasé bien, e incluso en algún momento sentí algo allí abajo, pero ella con un gesto de puchero en el rostro se hizo a la ofendida. Cuando acabó la media hora le di un beso en la mejilla y salí de la habitación. Afuera ya se encontraba el Escritor. Miraba con atención el procesador de su brazo que seguía blanco. “¿Algo?” le pregunté. Un gesto de hombros fue su única respuesta. Me senté a su lado con un melancólico “te entiendo” por mi parte. Acabamos riéndonos de nuestra patética situación. Salimos del lugar dejando al Tubos y a un par más que al parecer habían conseguido sesión doble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche lo llevé al Cementerio de Elefantes. Era un bar más alejado que el de doña Juanita, es más sucio pero siempre hay mesas libres y mucha bebida que era lo que necesitábamos. Cuando nos sentamos en unas viejas de madera que a pesar de los años, su tosca figura sabía resistir bien el peso de los cargadores. La mesa cubierta de marcas, dibujos de penes y rayadas con lapiceros pronto estuvo llena de botellas marrones de cerveza (o algo parecido), reíamos y conversábamos de todo. El Escritor me contó su aventura con la puta de la noche con la que tuvo unos instantes sudorosos pero que después no aceptó contarle cómo había llegado hasta allí. Le había dicho que su madre era puta y que por lo tanto era ella puta, la ley de la vida le dijo, y lo echó para darle paso al siguiente cliente. Yo por mi parte le conté también de los intentos vanos de la putita que me tocó y que la testo me hacía eso a veces, que lo extrañaba pero tampoco demasiado. A medida que pasaba la noche el ambiente se fue poniendo espeso. Las bebidas seguían pasando. Detrás de la barra a una buena altura una chola vieja vigilaba con su único ojo sano a la multitud. En la otra órbita tenía un pequeño lente y un armatoste metálico a su costado. Era un ojo mecánico, se lo pusieron cuando su primer esposo le reventó el ojo de un navajazo. Dicen que con su nuevo ojo puede ver calor y sentir metales para que no metamos armas y esas cosas. Su aguda mirada impar se relajaba hasta casi sonreír cuando algún cargador se acercaba a la barra a pedir una nueva jarra o balde de licor. A la chola le gustaban los cargadores, su hermano había sido uno. Yo ya no lo llegué a conocer pero dice que él la trajo del campo y la instaló en el mercado. Primero le consiguió un puesto de frutas y con los años le consiguió el bar. Dice que pagó por su ojo mecánico, y que incluso le hizo una visita al ex marido de su hermana. A este alguna vez se lo ve todavía en el mercado, es un ciego con las dos cuencas limpias como cáscaras de huevo. Camina con un bastón y un niño que le hace de lazarillo y que sobrevive de limosnas y de los platos de comida que su ex mujer a veces le pasa en el Cementerio de Elefantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Porqué se llama así? Cementerio de Elefantes”, preguntó el Escritor a alguna hora de la madrugada. Habíamos dejado de hablar hace rato y sólo bebíamos. Miré a mi alrededor como intentando deducir del ambiente la razón del nombre del lugar. Casi todas las mesas estaban llenas, muchas con borrachos durmiendo con la cabeza pegada a la madera y el resto hablando en voz baja. Aquí y allá se podían ver las altas espaldas y hombros de los cargadores. Esa noche se podían ver unos siete u ocho repartidos en diferentes mesas. La luz estaba en semipenumbra. De rato en rato alguien se levantaba y se dirigía a los baños. Un asqueroso pozo cavado en el suelo. Cuando se dirigía hacia el baño tenía que pasar junto a una puerta batiente. A pesar de no estar cerrada nadie entraba por ella, aun así las miraban seguían a cualquiera que se acercara a la puerta. “No lo se”- finalmente le respondí- “Les habrá gustado el nombre”. Bebimos un poco más y después decidimos marcharnos a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana siguiente, el domingo, podíamos levantarnos tarde. Casi no había nada que hacer. A media tarde nos encontramos con el Pipas que nos contó que su hija se casaba. Que si queríamos acompañarlo. Como no teníamos nada que hacer lo seguimos. Estuvimos caminando mucho rato hacia la zona sur. Pronto dejamos atrás los apretados pasadizos del mercado, los viejos edificios del centro, las calles llenas de basura del día anterior. Pronto empezamos a encontrarnos casas bajas de una o dos plantas, casas con un patio de tierra central, los edificios empezaban a escasear y aunque ahora casi no encontrábamos asfalto y era todo adoquín o piedra el lugar parecía más limpio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras caminábamos el Escritor me contó que él había nacido en una casa con las habitaciones que daban a un patio central, sólo que su casa tenía tres de ellos, él había nacido en el patio de más al fondo. Cuando era niño vivía casi todo el tiempo con la cocinera y los criados, cuando fue adolescente lo trasladaron al segundo patio para que un profesor pudiera darle clases, el mismo en el estaba la habitación del profesor y además estaba la única computadora de la casa. Finalmente cuando cumplió los 21 años lo llevaron al patio principal donde tenían las salas para las visitas y la sala para las fiestas. Lo quisieron presentar a una joven en una gran fiesta. Una muchacha que él no conocía pero que era hija de uno de los amigos de su padre. Pocas horas antes de la presentación ante la sociedad el Escritor salió del primer patio, pasó al segundo en medio de la oscuridad, después al tercero donde se despidió con un beso de la cocinera y finalmente salió por la puerta trasera. Nunca volvió a ese lugar supo años más tarde que su padre había muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una buena caminata llegamos a la casa donde era la fiesta. El Pipas nos detuvo en la acera del frente y vimos por un rato cómo iban llegando los invitados. Estuvimos esperando sin saber qué hacer. El Pipas finalmente nos comentó que su hija no lo había invitado, ni siquiera sabía si su hija lo recordaba. Ella sabía que seguía vivo pero nada más. El Pipas quería ver a su hija pero no quería que ella lo vea a él, no quería que vea a ese gigante deforme. El escritor le propuso que nosotros entráramos para contarle todo, él se podía quedar aquí fuera y si tenía suerte vería llegar a su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el Escritor nos acercamos a la entrada de la fiesta. Allí la madre del novio recibía a los invitados. Cuando me vio pegó un pequeño brinco, pero el Escritor la tranquilizó diciendo que éramos amigos del padre de la novia que habíamos venido a felicitarla. La mujer finalmente nos son sonrió y nos dio paso a la fiesta. Había una mesa de regalos, otra mesa llena de bebidas, un barril de chicha, muchas sillas en desorden, música fuerte saliendo de altavoces ocultos en todo el patio. La novia no había llegado aun pero ya se encontraba el novio al que hacían beber un vaso detrás de otro. Nos acercamos a la mesa de bebidas y recogimos dos botellas. No siempre teníamos la suerte de conseguir bebidas tan buenas. Hace mucho que no probaba ni un ron de calidad, ni una cerveza como aquella e incluso el Escritor encontró una botella de whisky que se apresuró a abrir y a servir en dos vasos. Pronto estábamos bebiendo con otros invitados de la fiesta. El Escritor se había convertido en el alma de la fiesta, como nunca lo vi contar chistes y bailar cueca. Bailaba medio rígido por culpa de la espalda de tortuga, pero se las arreglaba para tener algo de gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fiesta estaba en su apogeo cuando llegó la novia. La multitud, que había tomado en desorden la pista de baile, se fue abriendo a medida que corrió la voz de su llegada. El DJ paró la música y en seguida de todos los rincones se escucharon las notas del baile nupcial. Tras unos momentos embarazosos en los que se buscaba al novio y se le mojaba la cara para borrarle la borrachera, empezaron un lento vals mientras la gente formaba un corro a su alrededor. Con el Escritor observábamos la tierna escena cuando descubrimos un rostro sobre la multitud. Era el rostro del Pipas que observaba arrobado a la pareja a casi medio metro por encima de las cabezas de la gente. Al parecer la había visto llegar después de que se cambiara el molesto vestido blanco de la ceremonia y no había resistido acercarse para mirarla de cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el baile concluyó y la ronda de felicitaciones comenzó nuevamente, nos hicimos paso hasta donde estaba el Pipas con los ojos extrañamente húmedos. El escritor le preguntó si creía que ella lo reconocería. El Pipas levantó las articulaciones metálicas que eran sus hombros en un gesto que podía significar “no se” o “no me importa”. Descubrimos en ese momento que llevaba en una mano un paquete toscamente envuelto con papel de regalo, era pequeño y probablemente lo debía llevar en uno de los múltiples bolsillos del pantalón. No tuvimos tiempo para preguntarle de qué se trataba porque en ese momento comenzó la presentación de los regalos. Los novios, los padres de los novios y los padrinos se reunieron frente a la mesa de los regalos y empezaron a abrir paquetes y sobres, mostrándolos en público o leyendo lo que decía su tarjeta. El padrino de los novios debía llevar alguna especie de micrófono porque su voz se escuchaba en todo el local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Un terreno en el asentamiento de Wara Wara”, comenzó con su propio regalo y la multitud aplaudió amablemente, la madrina también haciendo rebotar su voz en todos los rincones del lugar le tocó a su vez “Un coche con sensor para accidentes”, y los invitados volvieron a aplaudir. “Un sistema de seguridad casera integral” leyó en una tarjeta el padrino “Un sistema de navegación global” leyó la madrina. “Un refrigerador de gran capacidad”, “Un viaje de novios a la luna”, la gente aplaudía a cada regalo como si se tratara de un concurso de popularidad. “Un juego de ollas con auto-cocina”, “Una conexión de televisión global”, “Un juego de cuchillo mil filos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los regalos abiertos y las tarjetas se fueron amontonando en otra mesa, la novia no sabía que otras sonrisas de alegría poner. Cuando el Escritor se giró para preguntarle algo al Pipas descubrió que este no estaba a nuestro costado. Lo vimos claramente caminando detrás de la multitud y acercándose a la mesa de los regalos tan sutilmente como un gigante de acero podría hacerlo. Finalmente extendió su brazo derecho, sus dedos de goma vieja, dedos resistentes y duros, agarraban con cariño aquel regalo envuelto tan torpemente. Finalmente lo depositó sobre la mesa y volvió donde estábamos nosotros con una mirada de satisfacción en el rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los regalos continuaron pasando, cada vez más humildes, una cacerola, un juego de boles de plástico, un espantoso adorno para la pared, un reloj tridimensional. Finalmente la madre cogió el regalo de el Pipas y mirándolo con un gesto de lastima lo abrió descubriendo una bola de cristal. Tuvo que dudar un momento y acercárselo al rostro para poder confirmar lo que era: “Un eco jardín miniatura”. Los aplausos se detuvieron por un instante y después volvieron con más fuerza. Nosotros dos miramos asombrados al Pipas, un “Eco jardín” era una cara miniatura viva. Dentro de una esfera de cristal perfectamente sellada se mantenía un pequeñísimo jardín diminuto. Tenía árboles, agua, animales, oxígeno, dióxido, todo lo que un jardín verdadero tenía. Los animales, aves, ardillas, peces, hormigas, una serpiente, eran preciosas miniaturas genéticamente fabricadas así como los árboles y cada una de las plantas marinas y arbustos. Era una especie de bonsái muy elegante y muy caro. No era el regalo más caro de la ceremonia, solo el viaje a la luna por ejemplo valía como 100 de aquellos “eco jardines”, pero si se trataba un regalo de muy buen gusto. Eso se dio cuenta enseguida la novia y empezó a lagrimear sosteniendo el jardín entre las manos y observándolo a trasluz. Sus ojos humedecidos por las lágrimas se agrandaron hasta tener proporciones gigantescas por el efecto óptico de la bola de vidrio. Inmediatamente nos giramos para preguntarle al Pipas de donde había conseguido tanto dinero. “No fue tanto”, nos explicó en voz baja. El “eco jardín” es de contrabando y el dinero era el que ahorraba para arreglarme la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando acabó la ceremonia y trajeron la torta el Pipas nos pidió que nos marcháramos, no quería que su hija se acercara a él. No estaba listo aun para eso. Así que nos retiramos por la puerta principal no sin antes robarnos al paso unas cuantas botellas de licor. Después camino a casa comentamos lo hermosa que se veía la novia, lo absurdo de todos los regalos, menos el del Pipas, y lo bueno que estaba aquel Ron que habíamos robado. Caminábamos haciendo eses por en medio de la calle, los coches se detenían y nos rodeaban para evitar chocarse con dos gigantes y un ratón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Escritor había dicho la verdad, después de aquel domingo ya no me necesitaba para trabajar de cargador. Cada mañana partía muy temprano, normalmente antes que yo, y aunque me topaba con él en el mercado no teníamos tiempo para conversar. Las noches tampoco hablábamos porque cuando él llegaba, estaba tan borracho, muchas veces más que yo, que terminaba dormido en pocos instantes. Continuaba con su dolor de cabeza y de espalda, tenía los músculos cada vez mejor pero las noches, sobretodo cuando no caía de borracho sobre su manta, gemía de dolor o con pesadillas. Para mi volvieron entonces los días tranquilos donde me podía ocupar de mis cosas, asistir al cine de pantalla taiwanesa y reunirme con el Pipas y otros amigos para beber por las noches, visitaba de vez en cuando a don Pedrolo par comprarle más testos o para conversar y le ayudaba a hacer algún trabajo a doña Juanita. El Escritor también aparecía algunas noches pero se quedaba bebiendo en silencio en un rincón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo una vez volvió a necesitarme el Escritor. Fue una noche de sábado. Bebíamos en el Cementerio de Elefantes, se encontraba el Pipas, el Tubos, el Karetas, había mucha gente. Llegó el Escritor con una botella de aguardiente que tuvo que beberse en la puerta antes de entrar al local. Hablábamos y contábamos chistes verdes, sobre todo el Tubos, cuando de pronto, en medio de un chiste que involucraba a una puta muerta, a un extraterrestre de tres penes y a una tostada con mantequilla, el Tubos se quedó silencioso mirando hacia la puerta. Acababan de meter la cabeza dos muchachos acompañados de dos niñas, casi unos bebes vestidos con minifaldas, piercings brillantes y una pantalla de televisión trasmitiendo videos musicales en el peinado. El Tubos dijo por lo bajo, “estos son los niñatos, ya verán lo que es bueno”, y se levantó como una locomotora a la que acaban de meterle carbón en el horno. Pero cuando llegó donde los dos chiquillos que estaban pálidos de miedo, ya se encontraba el Escritor delante suyo. El Tubos se detuvo desconcertado y le preguntó que pasaba. “no es necesario que lo hagas”, le dijo el Escritor en voz baja, el Tubos no tuvo paciencia y de un revés lo mandó a un rincón y aferró con otra mano al cuello de uno de los chiquillos. “¿Tu novia folla bien?” le preguntaba a aquel rostro aniñado que estaba a punto de llorar cuando sintió un golpe en el estómago. El Escritor se había levantado y se había lanzado de cabeza al estómago. Tenía huevos el ratón. El Tubos no supo como reaccionar, primero arrojó al chico hacia su compañero tirando a los dos al suelo, y después cogió al Escritor golpeándolo con el puño y reventándole la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pude aguantar más, me levanté y cogí la mano del Tubos que cargaba energía para darle un nuevo golpe. El Tubos me miró con ira en los ojos enrojecidos, “esta no es tu pelea”, “tampoco la tuya” le respondí. Obligándole a soltar al Escritor que cayó al suelo sin reaccionar. El otro brazo del Tubos fue a buscarme el cuello pero le cogí la mano y se la retorcí con fuerza. Se libró de mí y se alejó para acomodarse mejor. Todo el lugar nos miraba atentos. La dueña del Bar nos miraba con su frío ojo metálico, sacó de debajo de la barra una pequeña escopeta por si tenía que intervenir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Tubos arremetió contra mí, pero ya estaba preparado para eso. No peleaba bien y yo, aunque lo tenía olvidado, recordaba aun los movimientos. Que demonios, yo había sido luchador profesional. Me moví un centímetro y cuando se desequilibró al fallar su golpe le lancé un revés al cuello tirándolo contra una pared descascarando la pintura. Se levantó nuevamente y se acercó a mí aferrándose a mi torso con dos brazos como la boca de una grúa. Lo empujé desequilibrándolo cayendo sobre él. Mi peso hizo que sus brazos se soltaran a la fuerza. Desde el suelo intentó golpearme nuevamente pero lo tenía aferrado con todo el peso de mi cuerpo, con un movimiento le hice girar en el suelo y le aprisioné los dos brazos detrás su espalda. Seguía insultando a gritos así que apreté un poco hasta que se desmayó. Su rostro cayó con fuerza sobre el suelo y sus brazos se relajaron. El Escritor se acercó a mí pero no dijo nada. Se sentó nuevamente y siguió bebiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el Tubos despertó estaba furioso, los chicos y sus novias se habían marchado y el Escritor estaba muy borracho. Cuando él se emborracha se encierra en si mismo, deja de hablar, de opinar, de reír, poco a poco va entrando en un estado casi catatónico moviéndose únicamente para llevarse la botella a la boca. Cuando el Tubos lo vio así no dijo nada, tampoco me dijo nada a mí. Se sentó delante de mí y le alcancé una botella abierta y me la cogió. Ese simple gesto arreglaba todo. Bastante tarde el Escritor se levantó apenas y se acercó a aquella puerta que no estaba cerrada, hizo el gesto de abrirla sin notar la tensión que había creado en el ambiente, pero después lo pensó mejor, la dejó en su sitio y volvió a sentarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche cuando regresábamos a la casa en silencio el Escritor me preguntó qué había en el Cementerio de Elefantes, había escuchado muchas cosas. Estábamos en una plaza sucia con algún ronquido que llegaba desde un rincón, hacía frío pero el alcohol en el cuerpo te caliente las venas. Después de pensar mucho finalmente se lo conté. Yo sólo había conocido un par de casos pero había más. El primero había sido el hermano de la dueña del bar. Estaba viejo, cada vez bebía más y su cuerpo no le aguantaba los bultos para conseguir suficiente dinero para seguir bebiendo. Cada vez estaba peor, la vista le empezó a fallar, eso pasa cuando se empieza a beber querosén o alcohol puro. Finalmente un resistió más. Ese día se había desplomado con una estantería demasiado grande en la espalda y no logró despertarse hasta que llegaron los guardias de seguridad. Esa noche su hermana se presentó al bar con su único ojo permanentemente húmedo. Aquella puerta que nunca se cerraba estaba esa noche cerrada con un candado. Nos dimos cuenta que tanto la puerta como el candado era de calidad, estaban hechos de material muy resistente y sería muy difícil abrirla a la fuerza A media noche se escucharon unos golpes pero nadie hizo nada. Ella se encargó de que nadie hiciera nada. Cuando se abrió la puerta sacaron a rastras el gigantesco cuerpo de su hermano. Apestaba a alcohol y había dejado de respirar hace varias horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese caso sólo lo conocía porque era una especie de leyenda entre los cargadores que se cuenta en los peores momentos de la borrachera. El segundo caso lo conocía personalmente. Se llamaba Erico, había sido levantador de pesas, mucha testo combinados con años de ejercicios. Cuando era joven ejercitaba seis horas diarias. En una olimpiada regional le detectaron no sólo testo en la sangre sino otras drogas más, drogas para aguantar la presión, el estrés, la competencia, antidepresivos. Ese fue su final en el deporte. Medía poco más de un metro y medio pero estaba hinchado como si le hubieran metido una bomba de aire por la boca. Era fuerte como un toro pero también tenía unas depresiones proporcionales a su fuerza. Bebía mucho, sobretodo cuando en los periódicos que manchados de barro leía con furor comenzaban las temporadas de competiciones. Veía a sus antiguos compañeros y a nuevas glorias del deporte levantando pesos que él habría usado para entrenarse. Empezó a beber más, se juntó con algunos ladrones para hacer trabajitos. En un intento de robo a una tienda un vendedor le disparó un tiro que le rompió el humero del brazo izquierdo. Ya no podía trabajar como cargador, se pasaba todo el día bebiendo y el dinero lo conseguía de limosnas o con algún asalto menor. Hasta que un día ya no lo aguantó. Una noche se acercó al Cementerio de Elefantes y se puso a hablar en voz baja con la dueña. Cuando acabó la conversación se marchó. Dos días después volvió y le entregó un puñado de billetes viejos y arrugados. Esa noche frente a toda la multitud la dueña acompañó al Erico a la puerta, un cargador metió un barril lleno de bebida y después de que la dueña se despidiera de él con un beso en la mejilla, cerró la puerta con un candado condenadamente grande. Cuando escucharon los golpes a media noche nadie dijo nada. A la mañana siguiente sacaron el cuerpo de Erico inmóvil, pequeño y pesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hizo costumbre al regresar a casa quedarnos hablando en aquella plaza y muchas otras mientras terminábamos la bebida y el sopor se iba aferrando poco a poco a nosotros. En aquellas noches el escritor me contó de su vida, lo que había hecho después de huir de su casa. Cómo había empezado a estudiar en la universidad mientras trabajaba redactando documentos para un abogado. Las noches que trabajaba como cuidador en la morgue, las peleas callejeras en las que se metía, un ratón peleando, que gracia, e incluso alguna noche que había pasado en una celda de la policía. Yo en cambio le contaba de mis épocas de luchador, le relataba los combates que había tenido, todas las gloriosas victorias que algún día había logrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche de aquellas el Escritor me preguntó que hacían antes de que estuviéramos nosotros, quién cargaba las cosas antes de que hubieran testos y espaldas de tortuga. “Los basureros”, era la respuesta más fácil, pero el Escritor no me dejó dejarla allí. Le tuve que contar la historia de los basureros. Yo la conocía porque era una historia común, era una especie de mitología, nuestra propia mitología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los basureros, posiblemente son los únicos en el mercado que viven por debajo de nosotros. Ya estaban aquí cuando llegamos y seguramente seguirán todavía muchos años más. La mayoría habían llegado del altiplano, eran pequeños, de piel oscura, ojos negros y profundos y daban la apariencia de estar siempre con la mirada ausente, como en otro lugar, quizás en el mismo altiplano que nunca habían dejado. Cuando llegamos nosotros, eran ellos los que se encargaban de cargar las cosas. Caminaban bajo bultos que los duplicaban en peso, siempre en silencio, sin decir nada. Con el dinero que ganaban bebían y a veces comían. Pero no pudieron competir contra un poco de testo corriendo por las venas, contra unos huesos de titanio, una espalda diseñada para otros planetas. Poco a poco los fuimos desplazando. Transportábamos más cantidad y cobrábamos lo mismo. Ellos tuvieron que encontrar su propia manera de sobrevivir, así llegaron a ser basureros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que le contó lo intrigó de sobremanera, parecía despierto, o más borracho que nunca, mientras hablaba sus ojos se despertaron en una lucidez de delirio. Quería conocerlos. Me pidió, me rogó que le mostrara estos basureros. En mucho tiempo no lo había visto tan interesado en algo. Este último tiempo no había hecho preguntas y el mercado pasaba delante de él como un escenario por demás visto. Finalmente accedí, le dije que me buscara a la hora de la cena, cuando empezara a ponerse el sol. A esa hora el aire tiene una apariencia casi transparente, el mercado entero huele a ausencias mientras van cerrando los puestos, acomodando en su lugar las cajas de productos y bajando las persianas. En cada rincón se puede escuchar el pip-pip de las alarmas armándose y las despedidas y los “hasta mañanas” de los vendedores. A esa hora salen ellos. No es que salgan de ningún lado, están allí todo el día, sólo que a esa hora aparecen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se los enseñé se sorprendió verlos a alrededor, nunca hasta ahora había reparado en ellos. Es muy fácil no reparar en ellos. Medían poco más de metro y medio, iban vestidos con harapos, su pecho estaba cruzado por un rollo de cuerda gruesa y resistente, sus cabezas cubiertas de sucios gorros con propagandas políticas. Traían palas construidas con maderas y latas la alcohol, con ellas amontonaban basura en grandes pilas. Hábilmente la organizaban para dejar cartones y bolsas en la parte más exterior. Como gigantescos escarabajos peloteros creaban un ovillo con las cuerdas que tenían alrededor del cuerpo aferrando toda la basura en un gigantesco atado que se subían a la espalda. Con esta basura a hombros se dirigían hacia los aparcamientos donde los esperaban los camiones basureros. Se subían junto a sus propios atados de basura defendiéndola y reclamando su pertenencia y se marchaban hacia el basurero situado en las afueras de la ciudad. Más tarde regresarán en los mismos camiones. “¿Dónde viven?” me preguntó el Escritor “aquí en el mercado o en el basurero, no les importa”. “¿Dónde comen o beben?”, “En doña Juanita, en el Cementerio de Elefantes, en todos los bares de aquí”. “pero nunca los he visto”, “nunca nadie los ve, son como fantasmas o sombras”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche siguiente el Escritor no apareció a la cena, apareció un momento, compró una caja de vino y se marchó a “dar una vuelta”, según dijo. Esa noche no llegó a la casa. A la mañana siguiente le vi llegar, tenía negras ojeras bajo el rostro sucio y arrastraba los pies. No me dijo nada y se echó a dormir. Esa noche su manta había desaparecido junto a sus insignificantes pertenencias. Se había marchado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pregunté a la gente por si lo habían visto. Me dijeron que seguía por ahí. Que recordaban haberlo visto pero no me podían decir ni cuando ni donde. Intenté buscarlo en varias ocasiones pero cada vez pensaba menos en él. En ese tiempo pasaron muchas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió justamente en aquellos meses que llegaron unos nuevos encargados de seguridad que querían controlar lo qué transportábamos y cuanto cobrábamos. Tuvimos que organizarnos para que no hicieran eso, el Pipas fue el encargado de reunirse con el jefe de ellos para decirles lo qué podíamos aceptar y lo que nos negábamos. No queríamos que nos controlen, no queríamos rendir cuentas con nadie. Una mañana el Pipas apareció muerto en una callejuela, no tenía heridas pero el procesador de la base de la nuca estaba frito como si le hubieran pasado corriente por el cuello, quizás un arpón eléctrico. Esta vez nos enfrentamos en serio, los comerciantes tuvieron que cerrar sus puestos, los compradores huyeron despavoridos. Éramos gigantes desarmados atacando a un ejército de hormigas con arpones eléctricos. Hubo varios muertos de cada lado, los arpones estaban cargados al máximo. Incluso tuvo que intervenir la policía y lanzó gases paralizantes. Por causa de los gases un par de cargadores se volvieron locos y se los tuvieron que llevar antes de que se reventara la cabeza contra los coches blindados de la policía. Cuando todo acabó, cuando los de seguridad empezaron a chantajearnos para que les pasemos algo de dinero cada mes a cambio de que nos dejen en paz, o sea cuando todo volvió a la normalidad, volví a recordar al Escritor. Pensando en él me di cuenta que miraba el mercado como si fuera un extraño y ese lugar fuera digno de atención, de maravilla. Empezaba a tener la misma mirada que tenía el Escritor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, unos dos meses después de la muerte del Pipas, mientras brindábamos por su recuerdo, reapareció el Escritor en nuestra mesa. Llegó como aquella primera vez, al principio ni siquiera le vimos, no le hicimos caso porque no lo reconocimos. Tenía la barba crecida, iba vestido con harapos y alrededor del cuerpo tenía una gruesa cuerda enrollada. Se sentó a nuestro lado y empezó a beber como si se tratara de agua y él hubiera estado estos meses en el desierto. Al principio no dijo nada, pero después nos contó que había estado viviendo con los basureros. Había dormido varias noches en el basurero municipal, había dormido también alguna noche en las calles del mercado cubierto con periódicos viejos, no quiso hablar más pero bebió como nunca lo había visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche cuando volvíamos a mi cuarto, como lo habíamos hecho tantas otras veces, me contó más cosas de aquella experiencia. Se dedicaban a buscar basura, a recolectarla, a reutilizarla. Todos sus compañeros hablaban Aymará, por suerte lo había aprendido tiempo atrás. Habían llegado del altiplano hace mucho tiempo, cada año llegaban más. Detestaban la ciudad, su frialdad de asfalto y piedra, sus noches oscuras. Extrañaban esa superficie eterna y vacía, limpia de obstáculos, con un cielo permanentemente estrellado del altiplano. Trabajaban constantemente, preferían beber a comer, pero eran muy orgullosos para morir de hambre. Cuando morían los encontraban en callejones o debajo de montañas de basura. Pero no parecía que desaparecieran, alguien tomaba su lugar, sus ropas, sus rincones, sus cuerdas. Morían pero siempre estaban vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los basureros”, me contó aquella noche que pareció eterna, “eran hombres libres de verdad. Podrían no comer ni beber si no se los exigía su cuerpo su biología, si les permitirían vivirían del aire. La basura la utilizaban como sus abuelos habían usado las piedras para construir muros”. Mientras caminábamos juntos veía al Escritor recogiendo aquí una botella rota, allí la suela de un zapato viejo, un corcho, un alambre torcido. Me contó cómo había vivido esos meses, cómo había sobrevivido. “Lo primero que tuve que aprender fue a desaparecer, a convertirme en una sombra”, como había dicho yo alguna vez. “Tuve que aprender a moverse en el mercado como si lo hiciera dentro de mi propio cuerpo, cada calle era un órgano, cada pasaje una vena, me desplazaba en silencio como fluye la sangre dentro de mi propio cuerpo. Había llegado a entender y a odiar al mismo tiempo a la ciudad como sólo con su sabiduría podían entenderla y odiarla los basureros. Vivía gracias a los desechos de la ciudad, no necesitaban nada más”. “Incluso” me dijo subiéndose la camisa “ni siquiera necesitan esto”. Tenía la espalda amoratada, sucia y con un ligero aroma pútrido de infección. La espalda de tortuga había desaparecido y los agujeros por donde las grampas se aferraban a la columna estaban supurando pus. “Ellos no necesitan nada más de lo que son”. A pesar de eso, su brazo derecho aún tenía la blanca pantalla reluciente, llena de letras negras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No hay ancianos entre los basureros, todos mueren antes de que puedan siquiera sentirse viejos. La ropa que tengo no existe como tal”, me explico, “Alguna vez fue una chaqueta o un saco, sus dueños le pusieron remiendos, y después más remiendos, hasta que la chaqueta original había desaparecido y sólo quedaban los remiendos”. Me confesó dicho que la consiguió después de haber matado a un hombre. “Fue un enfrentamiento por territorio, una zona que era mía por derecho, era la zona donde trabajaba y donde tenía mis cosas. Nos enfrentamos finalmente. A aquel hombre no le importaban las heridas que le hacía, como si no le importara su propio cuerpo. Al final acabaría también parte de la basura. Por suerte él estaba peor que yo, estaba débil y muy bebido, no fue muy difícil vencerlo, al final había caído al suelo inerte. Yo terminé con una herida en el brazo, pero cuando la miré ya no me importaba, ni siquiera sentía el dolor”. “Nos pagan muy poco por el transporte de basura, nos pagan menos aun por las basuras que logramos reciclar, pero con eso podemos beber, apenas comemos”. “A pesar de la vida que llevan” concluía, “son hombres admirables, orgullosos, desorbitados, fanáticos, solitarios y anárquicos. Siguen sus propios impulsos, se sienten fascinados por cosas como el fuego, el humo, la sangre. Otras cosas en cambio nunca piensan en ellas, como la muerte o la memoria, son algo que no existe. A pesar de vestir de harapos, siempre ir sucios, hay cierta elegancia en su aspecto, en su caminar. Es difícil explicar esto, pero sus pasos por la ciudad traen consigo la fuerza de su propia presencia, ellos hacen las calles cuando avanzan por ellas y no al revés.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos mucho aquella noche, pero no quiso quedarse a dormir. Se marchó cuando parecía que empezaba a amanecer. Estaba borracho cuando se fue, pero con esa lucidez de aquellos que beben para sentirse sobrios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquella noche sólo lo vi un par de veces más. La primera fue en mi propia habitación, había entrado sin que me entere y me despertó un tufo de alcohol en el rostro. Estaba inclinado sobre mí tocándome con una mano sucia un hombro. Cuando me desperté vi su mirada enfebrecida, tenía las pupilas amarillas y los ojos brillantes. Cuando se sentó a mi lado con una botella con una sustancia marrón de la que bebía de rato en rato pude notar sobre su brazo derecho una venda manchada de sangre. Me entregó algo envuelto en un papel periódico. Cuando lo abrí me encontré con la pantalla de su implante. Era un buena implante, de calidad, pero se la habían sacado sin mucho arte. Cuando le quise preguntar para qué me daba eso me interrumpió y me dijo “tu sabes”. Después me entregó un sobre cerrado. “Es una carta para la hija del Pipas. Me enteré de su muerte. Quiero que le entregues el sobre, para que sepa quien era su padre”. Después sin decir nada más se marchó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La siguiente vez que lo vi me encontraba en el Cementerio de Elefantes. Cuando lo vi aparecer por la puerta un nausea me subió por la boca del estómago porque sospechaba a que había venido. Arrastraba los pies y tenía la espalda torcida como si le doliera. Llevaba en la mano derecha aferrados unos billetes sucios y la izquierda pegada a su cuerpo, como agarrándose el vientre adolorido. Cuando se acercó a la dueña del bar ella también sabía a que había venido. Hablaron en voz baja largo rato, ella sólo escuchaba, lo dejaba hablar. Cuando terminaron la charla ella tenía su único ojo brillante. Con un gesto a uno de sus ayudantes llevaron al Escritor hacia la puerta. Toda la gente del lugar contuvo la respiración cuando aquella puerta, una vez más, se abrió. El Escritor no tenía ojos para nadie, tenía las pupilas inflamadas y parecía que estuviera en otro lado, en un lugar muy lejano. Quizás en el altiplano o quizás en aquel tercer patio del que nunca tendría que haber salido. Detrás de que él entró metieron un gigantesco tonel lleno de alcohol. Un resistente candado cerró la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos ya sabíamos a media noche empezaron los gritos. Al principio me quise aferrar a mi bebida, olvidarme de esos gritos, pero eran demasiado fuertes, o eso me parecía al menos a mí. En un momento me levanté de la mesa y me dirigí hacia aquella puerta, pero la dueña del bar me miró con su ojo real y su ojo mecánico al tiempo que me apuntaba con su pequeño fusil. “Déjalo” era una orden. Sabía que no había forma de desobedecerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté nuevamente escuchando por sobre la multitud los gritos del Escritor. Cuando se calló creí que el silencio sería bueno, pero fue mucho peor. Nunca había bebido tanto como aquella noche. Me tuvieron que llevar a rastras a mi habitación. Ya no lo vi, pero también a rastras tuvieron que sacar el inerte cuerpo del Escritor. Lo único que podía pensar aquella noche es que él había decidido que no quería que lo encontraran muerto en un callejón o bajo una pila de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un tiempo no tuve fuerzas para tocar el implante del Escritor. Nunca me atreví a verlo, además no se leer muy bien y él había escrito demasiado. Cuando me atreví a sacarlo de dentro de su papel periódico, arrugado y sucio, lo único que atiné a hacer fue ir hasta una cabina, conectarla al implante y meter unas monedas en la ranura. La máquina hizo el resto. Después de que enviara la información la borré y fui donde don Pedrolo y le pedí que me lo implantara en el brazo. No me cobró demasiado y la dejó en su lugar, con el micrófono encima de la muñeca. Desde entonces me he aficionado a hablar con mi muñeca contándole sobre el mercado y todo lo que me rodea con una mirada de sorpresa y maravilla, la misma mirada que tenía el Escritor. Cuando tenga una buena cantidad iré a una cabina y la enviaré, quizás haya alguien que le interese leer esto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carta para la hija del Pipas también la entregué, pero antes de hacerlo decidí leer lo que ponía. Por suerte no era demasiado y pude entender la carta. Las tres últimas líneas decían:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el cargador es la ciudad, como que efectivamente lo es, jamás podrá sentirse ajeno a ella y mucho menos desaparecer, pues el cargador dicho sea en conclusión, carga la ciudad sobre sus espaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril, 2006&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-7225606767515046809?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/7225606767515046809/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=7225606767515046809&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/7225606767515046809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/7225606767515046809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/11/miguel-esquirol-ros-nacido-en-bolivia.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1DF0IY6mCI/AAAAAAAAAHw/cu5TvWfDekA/s72-c/miguel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-71095543835661732</id><published>2007-11-30T16:55:00.000-08:00</published><updated>2007-11-30T19:33:04.940-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5138802013978138642" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" height="229" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1CxNIY6mBI/AAAAAAAAAHo/0S3b3lhu7B4/s320/VERONICA.jpg" width="192" border="0" /&gt;Verónica Curutchet nació el 11 de julio de 1968 en Nueva Helvecia, Colonia, República Oriental del Uruguay. Hija de Don Julio César Curutchet y de Doña Sonia Edelweis Collazo. Realizó todos sus estudios en su país natal, y también estudió piano y francés. A los 17 años emigró hacia la ciudad de Buenos Aires, Argentina, donde reside actualmente. Ha participado en distintas publicaciones electrónicas y de dos antologias, la primera: la antología Primavera 2002 lanzada por el grupo Sensibilidades, donde participó con el cuento “Martita”, obra que retrata el paisaje de campaña y sus costumbres, reflejando la simpleza del ambiente rural; la segunda antología en la que participó es la ANTOLOGIA GANADORES 2002 de POESIA, en dicha antología participó con el poema LA SOLEDAD DEL SILENCIO, poema que recibió Mención de Honor junto a otros 5 poemas de su autoría en el II Concurso Internacional de Poesía organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano de la ciudad de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;LA PLAYA &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5138838426710874194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 190px; CURSOR: hand; HEIGHT: 281px" height="172" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1DSUoY6mFI/AAAAAAAAAII/EXjxK5-H0Nk/s320/20070304223208-algarve.jpg" width="212" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Suspiros del mar que llegan a mis oídos encendiendo los recuerdos y echándolos a correr.&lt;br /&gt;El sol en el horizonte de un atardecer de verano entre dorados, lilas y amarillos, cortando las nubes con sus rayos, sin herirlas, acariciándolas con su calor vespertino.&lt;br /&gt;La arena suave, fina, acariciando mis pies, y en la orilla la espuma blanca que suavemente es recibida por la tierra.&lt;br /&gt;La maravillosa sensación de estar sola en el paisaje que más amo, en ese sitio único y maravillosamente intacto, lejos de toda presencia humana.&lt;br /&gt;La caminata interminable hacia el oeste para, tal vez, en sueños, llegar al horizonte y abrazar el sol que se despide de estas latitudes.&lt;br /&gt;La brisa tibia que pasa por el pinar y llega a mí llenándome los pulmones con la fragancia de los pinos mezclada con el aroma de la arena y el perfume del mar...&lt;br /&gt;Mar... , a mar..., Amar en la playa....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Verónica Curutchet&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;EL RETRATO DE TU ALMA &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1DTEoY6mGI/AAAAAAAAAIQ/Cxscp10w2z8/s1600-R/1601664.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5138839251344595042" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 196px; CURSOR: hand; HEIGHT: 263px" height="253" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1DTEoY6mGI/AAAAAAAAAIQ/gGRTlewWn4I/s320/1601664.jpg" width="196" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;He visto tus ojos y te he mirado. He visto tu alma a través de tu mirada, queriéndose camuflar con el botón rojo en la nariz y una sonrisa pintada que no es la tuya. ¿Por qué estás triste si el cielo canta y brilla para ti? ¿Por qué el disfraz que oculta tu corazón sensible?&lt;br /&gt;La mirada profunda traspasa el maquillaje, la tristeza se traslada de tu corazón al mío. No te olvides que sufro al mirarte desamparado en el medio de la pista. No te olvides que te quiero porque pintas y tienes el don de la belleza en tus manos, los colores del mundo en una paleta puestos en un lienzo. ¿Por qué te pintas el alma triste si la sonrisa la tienes aunque esté escondida?&lt;br /&gt;Reza, mira el cielo, desde allí te miran tus ancestros y yo te miro en la tierra desde lejos, a través de un lienzo que se quedó con el retrato de tu alma triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Verónica Curutchet &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-71095543835661732?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/71095543835661732/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=71095543835661732&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/71095543835661732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/71095543835661732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/11/vernica-curutchet-naci-el-11-de-julio.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R1CxNIY6mBI/AAAAAAAAAHo/0S3b3lhu7B4/s72-c/VERONICA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-1297068194447648530</id><published>2007-11-29T18:04:00.000-08:00</published><updated>2007-11-29T18:08:27.349-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R09wE1jz1nI/AAAAAAAAAHg/KT_cUnk7lj0/s1600-R/armonie.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5138448928252089970" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 184px; CURSOR: hand; HEIGHT: 217px" height="214" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R09wE1jz1nI/AAAAAAAAAHg/Rd_wWZPd59Q/s320/armonie.jpg" width="220" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Harmonie Botella, profesora agregada de francés, publicó su primer libro : Ojos que no Ven, en 2002. Su segundo libro : Otros Caminos, prologado por Enrique Cerdán Tato, es una abanico de cuentos y poesías. Más tarde, en 2005, publica una serie de retratos de mujer en su obra : Algunas Mujeres (Ed. Celya). En el 2006, escribe unos cuentos infantiles : Cuentos para Rubén y Malena (Ed. El Taller del Poeta) a beneficio de la ONG Pequeños Príncipes. Ha participado en diferentes antologías : Mucho Cuento (Ed. Tucumán), Relatos urbanos (Ed. Ecu), Voces de Periferia (Ed. Belgeuse)... Además de sus cuatro libros, Harmonie tiene varios artículos, cuentos y poesías publicados en diferentes revistas y periódicos : Le Français dans le monde, Pacomova, Voces, Baquiana, Webalia, El Celador, Mucho Cuento (Ed. Tucumán), Club de Libros, Mecenas, Frutos del Tiempo, Xaloc, Cervantes Virtual, Auca, The Big Times, Destiempo, Mundo Cultural Hispano, Perito... Colabora con algunos periódicos : La Illeta, Vega media Press... Actualmente, es presidenta de la Asociación de Nuevos Escritores de El Campello (Anuesca), miembro de la Asociación Española de Escritores y Artistas de Alicante, de Poetas del Mundo, Poetas por la Paz, colabora con la comisión cívica de Alicante, dirige la revista literaria : Xaloc y es presidenta de la Asociación Española de Afectados por Cirugía Refractiva. Es también la organizadora de los Encuentros Nacionales de Escritores y Poetas de El Campello. Numerosos periódicos, como la Verdad, El Mundo, New York, El Heraldo de Miami, programas de radio : El programa de Vicente Hipólito, RNE, y programas de televisión : Gente, Por la mañana, Informe Semanal, Sabor a Rosa dedicaron un espacio a Harmonie Botella.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RITUAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer cansada tira su abrigo sobre la cama deshecha, lanza sus zapatos estropeados en la alfombra descolorida, enciende un cigarro y se tumba.&lt;br /&gt;Los redondeles del humo de su cigarrillo flotan por la habitación y de forma escalonada se pegan al techo chapoteado. Una alfombra de telarañas y humaredas se unen en la confusión de la materia humedecida, formando un cendal apagado de laberintos y desconciertos.&lt;br /&gt;Gravitan por el humo agrio y pesado las reminiscencias amargas del pasado aun presente, los proyectos futuros que se estancan en el aletargado presente.&lt;br /&gt;Tocan las cinco de la tarde en el cuarto sombrío y la mujer, con gran dificultad, se levanta, apaga su cigarrillo y se dirige hacia la tetera de metal. Mientras hierve el agua se quita una a una las prendas que lleva. Esparcidos por el suelo, de color dudoso, el vestido, el sujetador, las medias se entremezclan en un duelo silencioso.&lt;br /&gt;La mujer se sirve el té, como cada tarde, como su madre la trajo al mundo. Se deleita con cada sorbito, intentando olvidar las duras horas que vive todos los días. Con viento, nieve, lluvia, el rudo labor le espera. El respiro no existe para ella. Nadie podría imaginarse lo cruel que es la vida. Miles de horas trabajando para sobrevivir, sin seguro, sin amparo.&lt;br /&gt;A las 18 horas, pone las noticias. El locutor, como todos los días enumera los hurtos ocurridos en Harrold’s, los cortes de tráfico cerca de Buckingam, la densa bruma que flota sobre el Tamesis, los pronósticos de las carreras de caballos de Ascot.&lt;br /&gt;La mujer como cada día suspira amargamente. Vendería su alma para vivir en palacio, pasear sobre el Tamesis, ir a Ascot, y comprar en Harrold’s. La vida sólo le permite acceder a los reflejos y sombras de un mundo que anhela.&lt;br /&gt;Cansada se tumba sobre la cama desbaratada y poco a poco desliza su mano hacia su bolso de plástico para extraer las ganancias del día : unas medias, una gargantilla, una pulsera.&lt;br /&gt;Todo de Harrold’s &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-1297068194447648530?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/1297068194447648530/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=1297068194447648530&amp;isPopup=true' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/1297068194447648530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/1297068194447648530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/11/harmonie-botella-profesora-agregada-de.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R09wE1jz1nI/AAAAAAAAAHg/Rd_wWZPd59Q/s72-c/armonie.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-5771762695322539644</id><published>2007-11-15T16:08:00.000-08:00</published><updated>2007-11-15T16:49:36.393-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/Rzzo2ljz1mI/AAAAAAAAAHY/WhhgDwXrPjI/s1600-h/lady.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133233699788412514" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/Rzzo2ljz1mI/AAAAAAAAAHY/WhhgDwXrPjI/s320/lady.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lady López Zepeda (poeta y novelista). Mexicana, nacida en la Ciudad de México en 1956. Ha publicado poesía en las revistas virtuales y otras. Es moderadora del grupo literario El Fausto y participa activamente en diversos foros literarios. Forma parte de la Asociación Poetas del Mundo y de la Sane Society y pertenece al grupo editor de la revista virtual Palabras Diversas. Recibió mención de honor por los poemas Después de la siembra y Tierra de nadie en el Certamen Internacional de Poesía y Cuento Mis escritos en sus versiones 2004 y 2005 y finalista con el relato El Preámbulo en el Primer Certamen de Relatos Breves El País Literario de la revista virtual del mismo nombre y publicado en el libro Novísimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/Rzzk7ljz1hI/AAAAAAAAAG0/EAG93N1Zu6E/s1600-h/el.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133229387641247250" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/Rzzk7ljz1hI/AAAAAAAAAG0/EAG93N1Zu6E/s320/el.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entra. Cruza por el largo pasillo. Hace calor en la cafetería. Sus manos como esporas. El susurro de la multitud. Su voz en mi oído. Distantes. El silencio, nuestros silencios. Sus ojos incandescentes. Bosteza. Descubro sus dientes. No lo conozco. Fragmentos. Imágenes. Su piel en la mía. Escucho el ruido de los cubiertos. El mesero pregunta qué voy a ordenar. Afuera llueve. Toma café. Sonríe. Desvío la vista. Lo miro de nuevo. Lee el periódico. Sudo.//Desnudo mi cuerpo.//Nos tendemos al piso.//Huele a grano, incienso y mirra.//Echo la cabeza hacia atrás mientras su lengua recorre mi piel.//Olores.//Elevo mi pubis.//Lo atraigo hacia mí.//Saborea mi vulva.//Goteamos.//No es Manuel.//Respiramos lento, profundo. //Mordisquea mis pezones.// Sorbe un trago de café y otro más. Me regala una sonrisa. Ordena la cuenta. Saca unos billetes de la cartera. Se despide de su compañía. Cruzamos miradas. Sonríe otra vez. Rubores. Se pierde tras el umbral. Me invade la soledad. Tiemblo. Frío. Mis ojos se nublan. Falta aire. Hace calor. Vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133230684721370658" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzzmHFjz1iI/AAAAAAAAAG8/oqdoCqPbcTY/s320/elizzzb7.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TRAS EL FRÍO CRISTAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace más un año, Agustín y Mónica se reúnen todos los viernes a las nueve de la noche. El encuentro ocurre en el mismo lugar, donde objetos y cosas permanecen estáticos como para no descomponer el tiempo. El humo del cigarro, las luces tenues, el vino y la pasión, son ingredientes que hacen de la atmósfera algo peculiar y que semejan un gran burdel.&lt;br /&gt;Al encontrarse en sus soledades se miran con sus ojos de cristal y se suceden en palabras.&lt;br /&gt;Mónica luce su boca carmesí, un escote profundo, el vestido ceñido a la piel que deja poco a la imaginación y unas sandalias que forman parte de sus fetiches. Su actitud de femme fatal hipnotiza a Agustín, quien la encuentra más altiva e impúdica que de costumbre.&lt;br /&gt;Ese día, sin preámbulo, Agustín toma los muslos de Mónica y juguetonamente introduce los dedos entre sus bragas. Después de un gemido y al saberse húmeda, Mónica se desprende de sus ropas, muestra su hendidura y el silencio de sus labios: los otros, los ocultos.&lt;br /&gt;Desde su silla, Agustín la mira con lujuria al vaivén de sus caderas. El espectáculo cobra vida en formas, colores, logotipos y ritmos. Mónica explora su cuerpo, deletrea uno a uno sus deseos mientras abre sus piernas, frota su clítoris, devora sus dedos, palpa sus nalgas y pechos.&lt;br /&gt;Agustín recorre la piel de Mónica con vocablos, muestra la potencia de su erección e intercambian señales, fluidos, sudores. Consagran el instante y la plenitud sostenida en el vacío.&lt;br /&gt;Es todavía de noche, todo transcurre en silencio mientras se habitan como rictus de sombras. El mundo queda suspendido en el espasmo. Agua y piel: amarras de misterio. Entre sábanas sus nombres.&lt;br /&gt;Al sentir la crudeza de sus pieles tras el frío cristal, Mónica rompe en llanto y al apagar su PC precipita su caída al abismo. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-5771762695322539644?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/5771762695322539644/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=5771762695322539644&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/5771762695322539644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/5771762695322539644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/11/lady-lpez-zepeda-poeta-y-novelista.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/Rzzo2ljz1mI/AAAAAAAAAHY/WhhgDwXrPjI/s72-c/lady.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-8833937153631852368</id><published>2007-11-10T15:39:00.000-08:00</published><updated>2007-11-10T16:14:04.171-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZJFzqBErI/AAAAAAAAAGU/AGYhpGuRDoI/s1600-h/gustavo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131369189549871794" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 164px; CURSOR: hand; HEIGHT: 114px" height="114" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZJFzqBErI/AAAAAAAAAGU/AGYhpGuRDoI/s320/gustavo.jpg" width="232" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;GUSTAVO TISOCCO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Breve CV: Gustavo Tisocco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tengo publicados tres libros "Sutil", "Entre soles y sombras" y "Paisaje de adentro" y un CD "Huellas", además de diversas antologías gratuitas en diversas partes del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo varios premios que no importa creo mencionar. Sí destaco de este año 2007 que se me otorgó PREMIO REVELACIÓN A LA CALIDAD LITERARIA EN BUENOS AIRES y presenté mi segundo cd "INTERSECCIONES". &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Coordiné el café literario "Extranjera a la intemperie" en Buenos Aires y actualmente dirijo http://mispoetascontemporaneos.blogspot.com.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi web personal http://www.paisajedeadentro.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://poemasdegustavotisocco.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;http://poemasdegustavotisocco.blogspot.com/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;PROSA POÉTICA&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131360857313317458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZBgzqBElI/AAAAAAAAAFk/9gtteZlKU7g/s320/dormir.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a dormir, ven, tómame entre tus brazos.&lt;br /&gt;Dame la tibieza necesaria para este largo viaje, acurrúcame entre tus sueños, tengo miedo...&lt;br /&gt;¡No me dejes, no te dejo!&lt;br /&gt;Perdona mis desidias, nuestras rabias compartidas, mis desconsiderados silencios, los escrúpulos. No dejes que te embargue la bronca, no reproches nada, no preguntes, sé el dúctil hechicero de toda mi biografía –no estés triste-, yo te amo tanto...&lt;br /&gt;¿Sabes que soy el sucesor de un otoño largo y cobarde? No me quedan hojas, todas se disipan en este suelo hecatómbico.&lt;br /&gt;No están los hijos que juntos añoramos, pero están sus nombres en las fantasías compartidas, ellos nos miran desde algún precipicio...&lt;br /&gt;Cúbreme con tu austera valentía. Dibuja música sobre mi aura que despliega hoy solo melancolías.&lt;br /&gt;¿Tendré el universo entre mis huesos?, ¿serán mías las mañanas, con sus noches, sus rincones de luz?&lt;br /&gt;¡Quizás sea yo el mar que a tristes marineros acune con mis olas tendidas!&lt;br /&gt;Todos los perfumes impregnarán tu recuerdo, será simple esencia mi frágil semblante que hoy florece hacia tu aliento y no habrá nostalgias, pues desde tu diedro, me perpetúo, tengo alas...&lt;br /&gt;Deja que repose mi cabeza sobre tus latidos. Dame tu caricia precisa y estricta, mitiga mis temores y en tu modestia déjame descansar.&lt;br /&gt;No es llanto esto que te baña: son diademas que dejo para que alumbres tus metas, son escarcha del frío tiempo lluvioso que ya pasó, son mis besos que te besan desde tantos desamparos.&lt;br /&gt;Voy a dormir, tómame fuerte con tus manos, para que cuando camine hacia las sombras sienta que es eternidad lo que abruma y no simple olvido.&lt;br /&gt;Voy a dormir, abrázame en silencio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131361295399981666" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZB6TqBEmI/AAAAAAAAAFs/FE4mSEYHff4/s320/Amazona.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy amazona de un viejo tiempo que espera a la muerte para resurgir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aúllan dentro de mí antiguas melodías.&lt;br /&gt;Me increpa tenazmente el desarraigo, percibo desde aquí otros designios.&lt;br /&gt;Fui reina en prados multicolores, hoy soy el triste mendigo de mis desvelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mi exilio, soy mártir que todavía sangra viejas miserias.&lt;br /&gt;Entre jaurías de perros vagabundos desnudo mis quimeras.&lt;br /&gt;La noche me regala lunas de formas diversas, pero llega el día y huyo a todos mis abismos.&lt;br /&gt;¿Cuál es el secreto que guardo en mis manos cansadas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy el triste proletario que a pesar de todo ríe. Soy mitómano de mis dichas.&lt;br /&gt;Me flagelo en suburbios que nadie conoce y me desarmo en viejos escenarios. Como golondrina, que perdió su manto primaveral, audaz perezco entre los hielos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay firmamentos ni osadías,&lt;br /&gt;me entrego sediento a las sombras&lt;br /&gt;y sucumbiendo cierro los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131362167278342770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 220px; CURSOR: hand; HEIGHT: 224px; TEXT-ALIGN: center" height="143" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZCtDqBEnI/AAAAAAAAAF0/dEDcuXbITAM/s320/hombrerinc%C3%B3n.jpg" width="186" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Taciturno en este rincón donde el aroma a orina vieja impregna,&lt;br /&gt;tenaz persisto desde mis temblores.&lt;br /&gt;Arañas, boas enigmáticas y muchas ratas trepan mis odiseas, mis calvarios.&lt;br /&gt;¿Es cierto eso de resucitar? Entonces ¿para qué la muerte?&lt;br /&gt;Yo, proletario de un tiempo que pasó, me hundo en un fandango de mentiras.&lt;br /&gt;Pordiosero de amores que nunca tuve, de insomnios oxidados,&lt;br /&gt;hijo de luzbel, amante de Belcebú, deliro en mis tremendas vanidades.&lt;br /&gt;No es cuerpo esto que me encierra, es simple reja que ríe.&lt;br /&gt;No es vida lo que ahoga, es inmortal agonía.&lt;br /&gt;Bebo, me aturdo en tantos licores&lt;br /&gt;así persisto desde toda coherencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131362553825399426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" height="233" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZDDjqBEoI/AAAAAAAAAF8/WBoy9S1zdPg/s320/constelaci%C3%B3n.jpg" width="251" border="0" /&gt; &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Yo que nací acunado por Apolo mientras Afrodita disipaba mis primeros gemidos, que fui de todos los cosmos una constelación, río de agua clara, erupción y volcán.&lt;br /&gt;Que corrí entre alfombras bordadas en perlas, que divisé todo el horizonte que siempre fue mío, que amotiné pavos reales para estar cerca de la belleza. Que jamás sucumbí al vino traicionero ni me dejé llevar por tesoros ofrendados.&lt;br /&gt;Yo que traspasé la barrera del infierno y sucumbí al olvido de los Dioses. Yo el amado por tantos hombres en celo, tuve tantas bocas como estrellas en mis ojos, tuve manjares,&lt;br /&gt;abanicos en mi rostro, retratos en mis paredes.&lt;br /&gt;Por mí guerras y fronteras afloraron al mundo. Hubo altares, sacrificios, ceremonias y sumisos duendes. Por amarme muchos fueron incinerados y aún así me sueñan cada noche tantos brazos.&lt;br /&gt;Yo que tengo la palabra precisa, el acorde certero, la mano tersa, que transito pasillos espejados y suspiro jardines perfumados, yo me pregunto desde siempre:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo será vivir en un hueco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131363911035064994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZESjqBEqI/AAAAAAAAAGM/Zb8E_JAmG9k/s320/rebelde.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;He visto tu mirada vagando por la tarde trepando anhelos. Vi tus ojos rebeldes con esa potencia de cosmos en el patio de ninguna noche. Los dibujé entre golondrinas suicidas sobre el témpano cristalino. Tu mirada-duende eclipsando bosques, eclipsando tiempos y antiguos fantasmas. Fui testigo de inclementes nostalgias que se escondían. Sobre un firmamento azul hubo mañanas en que se posó el mar. Tu mirada despertaba palabras que nadie dijo. Descubría entre espinas mis gotas de dolor y me acunaba...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día partió y se alojaron sombras en mis bambalinas. Cerré el telón de un espacio callejero que me recordaba añejos precipicios, macabros designios, amparados brujos de la bruma. Puse turbios candados sobre mi fragilidad y disimulé olvidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He perdido tu mirada tras la brisa.&lt;br /&gt;Ya no hay paisajes.&lt;br /&gt;Un ciego horizonte perpetúa la condena. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131363168005722770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" height="241" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZDnTqBEpI/AAAAAAAAAGE/B0V0FwBPXRo/s320/hombreni%C3%B1o.jpg" width="234" border="0" /&gt; &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;He perdido la inocencia que tenía en esa foto en los brazos de mi madre. He perdido de mis ojos tantos vuelos de pájaros, tantos barriletes. He dejado atrás al príncipe valiente, a mi casa verde, a mi río. Desprendí de mis brazos abrazos que tuve y fueron muriendo de a uno, los crepúsculos en mis tardes. Olvidé al niño que fui, al legendario vaquero de mis cuentos, a mis calles de piedra. Quedaron atrás los pequeños hijos que nunca alcanzaron mis pasos. Olvidé la flor, la música del viento, los océanos impetuosos.&lt;br /&gt;Huí de Dios y dejé alas desamparadas en el suelo. Acribillé entre mis andamios todos mis huesos y me hice escarcha. Sucumbí al milagro del horizonte y me impregné de melancolía. Enterré por siempre mis muñecos de plástico y perdí la magia. No dije nunca más las dulces palabras, las simples verdades, mis plegarias. Perdí mis risas, mi soledad franca, mi reflejo en los cristales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora soy tumba, pared que desangra al tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-8833937153631852368?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/8833937153631852368/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=8833937153631852368&amp;isPopup=true' title='37 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/8833937153631852368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/8833937153631852368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/11/gustavo-tissoco-breve-cv-gustavo.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZJFzqBErI/AAAAAAAAAGU/AGYhpGuRDoI/s72-c/gustavo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>37</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-6717960438437060132</id><published>2007-11-07T16:51:00.000-08:00</published><updated>2007-11-07T17:20:58.114-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;ADRIANA SERLIK&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací en Avellaneda (Provincia de Buenos Aires) en 1945. Tras mis precoces estudios de música me decanto por el magisterio y la bibliotecología.&lt;br /&gt;Mi carrera poética comienza en 1968, con la publicación de "Improntus 6", que marca ya mi estilo de poesía clara y directa. Comencé mis estudios de música a los cuatro años, obteniendo a los 12 el título de Profesora Elemental en el Conservatorio Santa Cecilia de Buenos Aires, finalizando mis estudios en el Conservatorio Nacional de Música "Carlos López Buchardo", siendo alumna de la compositora Eidylia Mell, quien compuso la música de mis "Discursos desolados". Terminé Magisterio, especializándome en la enseñanza artística y en la Escuela de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, concurriendo a las lecciones de la cátedra de su director, el destacado poeta Roberto Juarroz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1968 organizo la Biblioteca del Hospital Municipal "Cosme Argerich" patrocinada por la Asociación de Médicos, con fondos de medicina y literatura en general introduciendo, como actividad semanal, ciclos de cine y audiovisuales para médicos y pacientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1970 Federico Vogelius me elige para organizar su maravillosa colección de libros y manuscritos, la Fundación "F.V." tarea que desempeño hasta 1972.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1972 publico "Los espejos", con grabados de Carlos Aschero y Gustavo Fernández.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He realizado la producción integral de programas de radio para Radio Municipal y Splendid de Buenos Aires, Radio Caritas y Comuneros de Asunción del Paraguay y la RAI (Italia).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Becada por el gobierno italiano, asistí al "Curso de especialización para Directores de Programas de Televisión" realizado por la RAI en Florencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a Madrid en 1975, tomando la nacionalidad española en 1985.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1978 presento en una pequeña edición "Desde nosotros los niños".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1980 fui invitada por la Directora de la Casa de España en Asunción del Paraguay para organizar las actividades culturales de la institución, ésta luego me denunció ante la policía paraguaya y estuve detenida y desaparecida durante seis días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui liberada gracias a las gestiones realizadas por los españoles residentes en Paraguay y al corresponsal de la Agencia Efe en esa ciudad, a todos ellos les debo la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1984 presento en la Asamblea de Madrid "La silla de paja" con un dibujo de Anuncio Iramáin.&lt;br /&gt;En Madrid cursé estudios de musicoterapia con el profesor Juan Carlos Olea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1996 publico "Poemas del amor y la soledad" con un grabado de Nelly Rivkin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He escrito artículos para diversos medios de Buenos Aires, Asunción del Paraguay y Madrid y trabajado como correctora y traductora para diversas editoriales españolas. Desde octubre de 1997 a febrero de 2004 he sido la Secretaria del Juzgado de Paz de Rascafría, tarea que he desempeñado con gran interés profesional y humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante años he investigado la vida y obra de Walter Benjamin (podéis leer mi cuento "Silencio de redonda" donde aparece). Ahora estoy escribiendo relatos y una novela que espero terminar en breve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1987 comienzo a compartir mi vida y mis sueños con José María Celaya Béjar, con el que contraigo matrimonio en 1998 en Rascafría. En mayo de 2004 nos mudamos a Simat de la Valldigna (Valencia), en un bellísimo valle con salida al mar y mi gran amor, mi compañero de vida fallece el 31 de julio. El dolor y la soledad se transforma en "Poemas y escritos para mi Pirucho" que junto con el poemario "El ojo cósmico" configuran el libro "Andaremos, amor andaremos" publicado en junio de 2005. A finales de enero del 2006 sale mi libro " El gran devorador y otros relatos", en septiembre la antología poética "La esfera dorada" y en noviembre de 2006 el libro electrónico con siete relatos "Las sonrisas gastadas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy colaboradora de diversas revistas digitales (Gibralfaro, Almiar, The Big Times, Letralia, La casa de Asterión, Revue d’art et de littérature, musique, etc.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actualmente vivo en Gandía, donde realizo diversas actividades culturales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en Radio Ser de Gandía los domingos al mediodía con mi Sección "Retazos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De abril de 2006 a junio de 2007 he sido coordinadora de dos Clubes de Lectura y he realizado el fanzine "En Veu Alta" en la Biblioteca Central "Convent Sant Roc" de Gandía y desde octubre de 2007 dirijo el Taller de Creación Literaria de la Universidad Popular de Gandía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy voluntaria y representante en Gandía de AEAL (Asociación Española de Afectados por Linfomas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;OBRAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Improntus 6. Buenos Aires, 1968.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los espejos. Buenos Aires, 1972.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde nosotros los niños. Madrid, 1978.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Silla de paja. Madrid, 1984.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poemas del amor y la soledad. Madrid, 1996.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andaremos, amor andaremos. Pontevedra, 2005.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gran devorador y otros relatos. Pontevedra, 2006.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La esfera dorada. Pontevedra, 2006.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sonrisas gastadas. Jaén, 2006.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antologías&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sociedad de metal: expresiones desde un mundo continuo. Buenos Aires, La Lupe, 2006.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los planetas alineados. Segorbe, 2007.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poetas de Avellaneda. Avellaneda, 2007.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;CUENTOS DE ADRIANA SERLIK&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;EL Colorao &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Estaba tumbado boca abajo, sobre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;una capa de agujas de pino de color castaño,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;con la barbilla apoyada en los brazos cruzados,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mientras el viento, en lo alto, zumbaba entre las copas..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ernest Hemingway&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Por quién doblan las campanas"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venía caminando desde el Hotel Florida por la Gran Vía. Hacía frío, cerró el abrigo y recolocó su boina. El viento venía del norte y los transeúntes se acercaban a los muros para cobijarse, las aceras estaban mojadas, había llovido toda la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antoine había salido, el coche lo había recogido hacía una hora y habían quedado en encontrarse más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Divisó la Cibeles y apresuró el paso. El camión estaba en la puerta del Palacio de Correos. El conductor lo ayudó a subir. Buscó un espacio entre las sacas de comida y las cajas y fue en ese momento en que vio a la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encogidita abrazaba un atado, sentada de espaldas a la pequeña ventanilla de la cabina del camión. Al final de sus largas y delgadas piernas sobresalían unos zapatos, dos números mayores que sus pies, envueltos en unos calcetines gruesos tejidos en varios tonos de lana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Debemos esperar un poco, gritó el conductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subió una mujer cargada de varias bolsas y se sentó cerca de la niña. Su melena alborotada caía sobre un abrigo gris militar. Observó al hombre con interés, él la miró extrañado; recordaba su cara. Intentaba unir ese rostro a su recuerdo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al extender las piernas vio que iba vestida con chaqueta y pantalón militar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer, con suma delicadeza, habló suavemente a la niña quien asintió con la cabeza. Abrió una de las bolsas y ofreció a la pequeña una naranja. Sacó otra y sin hablar la ofreció al hombre que movió negativamente la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oyeron ruidos en la cabina y el camión se puso en marcha. Las cajas y pacas que se apiñaban a su alrededor les protegían algo del frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre sacó un cigarrillo y tocó su bolsillo donde reposaba su petaca de plata, siempre llena en un viaje como ése.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña, con gran cuidado, terminó su naranja y sacando un inmenso pañuelo del atadito se limpió las manos, el zumo de la naranja había perfumado el camión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observaba a sus compañeros de viaje alternativamente, su atención estaba más tiempo fija en las grandes bolsas de la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta abrió con cuidado la cartera que llevaba en bandolera, sacó una cámara fotográfica. Apuntó hacia la calle, el cielo y los árboles, sólo miró, no sacó fotografías. Envolvió lentamente la cámara en un gran paño y volvió a guardarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre extendió su mano hacia la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Nos conocemos, no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hace años nos presentó Weston, en Madrid nos hemos visto en una reunión con Pepe Quintanilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sigues con la cámara... no recuerdo tu nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tina, aquí María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camión fue subiendo por la carretera y entró en el pueblo de Fuencarral. Se detuvo y cargaron más sacas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña se había dormido; María sacó un enorme poncho y la cubrió. Había disminuido la fuerza del viento y un sol tibio alegraba la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre se levantó y extendió sus fuertes piernas, buscó un cigarrillo y ofreció uno a la mujer que lo aceptó rápidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se veía un gran movimiento alrededor del camión, la soldadesca cargaba las sacas amontonándolas con cuidado, cayó un poco de harina que cubrió suavemente el rostro de la niña dormida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Parece algo enferma y está demasiado delgada, dijo María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Los niños son los que más sufren esta maldita guerra, contestó el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y esto no terminará aquí. ¿Has leído las noticias de Alemania?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre extrajo la petaca y ofreció a María que bebió un pequeño trago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es fuerte. Esto sí que calienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camión volvió al camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ese poncho... ¿mejicano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Poco pude llevarme pero el poncho siempre ha estado conmigo. He leído algunas crónicas tuyas aunque sé que en España lo que más te gusta son los toros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Los toros y ahora tengo que escribir sobre la guerra... Los toros y el vino, eso es lo que más me gusta. Qué lejanas parecen aquellas fiestas corriendo delante de los toros, o en la plaza gritando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Algo vi en México pero no me gusta esa fiesta sangrienta. Si hay que morir que sea por algo que valga la pena, la justicia, la libertad, la igualdad, soy sólo una fotógrafa de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estamos hablando de morir, viajando en un camión lleno de sacas para soldados, viniendo de una ciudad que está siendo bombardeada y yendo hacia el frente... mientras comemos una naranja y cubrimos con un poncho a una niña dormida con la cara blanca de harina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos quedaron en silencio; contemplando el paisaje, se fueron adormilando. María se acercó a la niña y cubriéndola con el poncho colocó su cabeza sobre el regazo. El hombre se tapó la cara con la boina y se durmió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajaron dos horas hasta que les despertó un fuerte salto del camión. Habían entrado al valle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña abrió los ojos y tímidamente volvió a sentarse cerca de la ventanilla, envolviéndose en el poncho. María se alisó el cabello, estiró sus brazos y tocó suavemente la frente de la niña mientras le preguntaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quieres otra naranja?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña asintió y extendió la mano a la naranja y un trozo de pan negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Una para ti?, dirigiéndose al hombre que hizo una seña para que la guardara en la bolsa de la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino estaba lleno de agujeros y barro, se veían a lo lejos algunos hombres pastoreando algo de ganado y pequeñas huertecitas con algunas verduras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se oyó desde la cabina la voz del conductor diciendo que el río grande iba poco crecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruzaron varios puentes de madera y pequeños pueblos donde la gente se asomaba a las puertas saludando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Falta poco, dijo el conductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es el último puente. Y hay una fuente de buena agua. Bajemos a refrescarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María y la niña se alejaron detrás de un matorral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te preocupes, nadie te mira, dijo María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre y el camionero orinaron contra una piedra charlando sobre lo que faltaba del camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María, con un pequeño pañuelo, limpió la cara de la niña. Acercaron la boca al grifo y bebieron largamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo me llamo María y... ¿tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vamos, que nos falta poco, gritó el camionero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camión siguió saltando por agujeros, piedras y barro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin giró, entrando a un pueblo de calles polvorientas. Pronto estuvo rodeado de niños y soldados que los saludaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pequeño de unos seis años, con unos grandes pantalones, heredados probablemente de sus hermanos, se quedó observándolos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Alameda, gritó el conductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Debo ir a la comandancia y luego descargar en el Batallón del Disciplinario, ¿se hacen cargo de la niña? sigue hasta Rascafría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿María, tú también sigues?, preguntó el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sigo, pero en este rato podemos comer algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Dónde podemos comprar comida?, preguntaron al pequeño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los niños comenzaron a corear, ¡le han hablado al Colorao, le ha tocado al Colorao...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La Felipa... allí hay comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y un vinito?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En El Colorao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María cogió a Paz de la mano y fueron subiendo por la calle principal, pasaron por la puerta de la Botica y María murmuró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esperad un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió con un pequeño cartucho que guardó en la bolsa de la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguieron caminando, cuando pasaron por la puerta de la Comandancia vieron al camionero entregando la saca de correos a un soldado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se enfrentaron, luego de una pequeña plaza, con una casa alta de dos plantas y una pocilga en un costado, la casa de la Felipa. Olía a grasa, jabón y arenques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compraron una hogaza de pan negro y algo de matanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pequeño Colorao los acompañó a la plaza del pueblo, frente al ayuntamiento, la taberna de su padre, El Colorao Mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentaron sobre unos tablones, cortaron la hogaza y la matanza mientras caía del pellejo un vino oscuro y perfumado en los pequeños vasos de vidrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer del Colorao sacó de las brasas una patata que entregó a la niña mirándola con afecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es la sobrina de Teresa Aguirre, comentó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí te pondrás bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL hombre sacó un cuaderno, y comenzó a escribir mirando de vez en cuando la leña baja:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Estaba tumbado boca abajo, sobre una capa de agujas de pino de color castaño..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María buscó la cámara, la limpió con cuidado y llamando al pequeño Colorao y a Paz a la calle, los sentó sobre el borde de la fuente y tomando distancia sacó la primera fotografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre sintió una mano fría que le rozaba el cuello, sorprendido se giró y se encontró con la sonrisa de Antoine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Colorao, otro vinito para el aviador, gritó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Otro para mí, dijo María, mientras abrazaba a Antoine y le daba dos sonoros besos en las mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya estamos todos los locos del mundo, gritó Antoine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pellejo llenó muchas veces los vasos y sus gritos y risotadas sonaron en la pequeña taberna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahora a brindar, brindemos por la justicia social, la libertad y la igualdad..., dijo María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y una foto para recordar este brindis con los pequeños principitos, gritó Antoine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salieron, María eligió el lugar y explicó a la mujer del Colorao cómo tenía que apretar el botón de la cámara, luego posó entre Ernesto y Antoine, el pequeño Colorao y Paz contra el muro de la Taberna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tina Modotti (María) muere en México el 5 de enero de 1942, se cree que fue asesinada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antoine Saint Exupery desaparece con su avión el 31 de julio de 1944 en una misión de reconocimiento en Francia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ernest Hemingway se suicida el 2 de julio de 1961 en Idaho, Estados Unidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;SILENCIO DE REDONDA&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;..."Yo me encontraba en un laberinto de escaleras. Este laberinto no estaba cubierto en todas partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subí; otras escaleras me condujeron a las profundidades. En un descansillo de una escalera me di cuenta de que había llegado a una cima montañosa. Se abrían allí una amplias vistas de toda la zona. Vi a otros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que estaban en otras cimas montañosas. A uno de estos otros le entró de repente un mareo y cayó por el precipicio. Este mareo se fue extendiendo; otros hombres iban cayendo de otras cumbres a las profundidades. Cuando yo también me vi atacado por este mareo, desperté."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anotaciones 1933-1939&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Walter Benjamin&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía dieciséis años. Se agolpan en mi cabeza los recuerdos de esos terribles meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje a París con mamá y la tía Vita, la llegada a casa de tía Stein y el strudel que había preparado para nosotros y que devoré sin lavarme las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La búsqueda de un apartamento con Daniel, el primo Stein, una habitación-cocina con un baño dos plantas arriba para todo el vecindario. La mudanza con las colchonetas y la música...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música se oía por la pequeña ventana: un violín y un piano tocados en el edificio contiguo, que aprovechaba para hacer mis ejercicios apoyando mis manos sobre la pequeña mesa. Esa música que tres días después se transformó en un largo silencio, un silencio de redonda, decía mi madre, cuando se llevaron a los intérpretes al Cuartel y no volvieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y las lágrimas de mamá cuando decidí cortar mi largo pelo porque al lavarlo con agua tan helada tardaba mucho en secarse, no paraba de toser y me cansaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana la tía Vita volvió corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debemos irnos, no podemos seguir aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recogimos sólo las bolsas. Uriel Valls nos esperaba en la estación del tren dispuesto a llevarnos a otro lugar más seguro y con él llegamos a Port-Vendres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dejó en compañía de tía Lisa que nos alojó en una casa vecina con tía Eva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y desde allí la travesía cruzando la montaña hacia España. A mitad de camino nos encontramos con el viejo profesor, que había pasado parte del día solo, oculto bajo unas hojas, no hablaba demasiado pero era muy educado y servicial .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía enfermo o agotado apoyándose en el hijo de la Sra. Gurland para caminar, deteniéndose cada diez o quince minutos a respirar. Yo tenía mucho frío y se helaban las lágrimas en la cara, sacó de su viejo portafolios un gran pañuelo y las secó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Perdone, estimada Señorita, permita que le seque las lágrimas, tengo una colección de juguetes y muñecas lloronas, bueno....tenía, ahora estarán seguramente en Londres, pero ninguna tenía lágrimas parecidas a las suyas, quizá la del tutú azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego lentamente dijo: Se trata de hacer de una lágrima un pañuelo, de una poesía un pañuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guardó su pañuelo en mi bolsillo y seguimos andando, esta vez apoyándose un poquito en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar al Hotel, por la tarde, tomamos juntos un té muy caliente y siguió contándome sobre sus juguetes; parecía no querer dar importancia al hecho de que nos querían devolver a Francia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susurró si podía acercarme a su habitación más tarde porque quería pedirme algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando finalizó su explicación, me abrazó y rogó que no lo olvidara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un nudo me quebró la garganta y me saltaron las lágrimas. Me tomó las manos con el mismo gesto que pidió a tía Lisa permiso para tomar un trocito de tomate en el camino y dijo: Escriba a mi amigo, sé que le ayudará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre, que paseaba por el vestíbulo, me pidió que fuera a dormir. Había sido enorme el esfuerzo, doce horas caminando con pequeñas paradas para descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté al borde de la cama, la habitación era pequeña pero limpia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quité los zapatos, los calcetines y miré mis pies, mi mayor fortuna, doce años moldeándolos con las clases de ballet, habían sido delgados y elásticos y ahora aparecían hinchados, rojos y llenos de lastimaduras en las plantas, en los talones...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quise mirar más, me envolví en la manta y sin desvestirme intenté dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despertaron las voces: la Sra. Lippman , su hermana la Sra. Birmann y la Sra. Gurland gritaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El profesor había muerto. El médico escribió en el certificado como causa: ataque de apoplejía, no quería problemas. Vino la policía, luego el alcalde y un juez y acompañé a la Sra. Gurland a buscar un sacerdote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pidió que nos arrodilláramos con él a rezar; yo no sabía hacerlo porque no entendía lo que había que decir o hacer y además no podía dejar de llorar recordando lo que me había pedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saqué su pañuelo y repetí rezando su frase "...hacer de una lágrima un pañuelo...".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas comimos, no sabíamos que nos pasaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente vinieron los gendarmes a buscarnos. Ordené lo mejor que pude mi pequeña bolsa, coloqué encima mi ropa interior y los otros zapatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá y la Sra Lippmann de tanto repitir a los gendarmes que no nos volveríamos a la frontera nos llevaron al campo de Figueras ; sabíamos que la Sra. Gurland estaba arreglando todos los papeles comerciando lo que podíamos pagar por los visados y finalmente nos los dieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajamos por fin a Barcelona y luego de recorrer toda España en tren pudimos tomar el barco para América.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en Buenos Aires nos esperaba tía Elisa para llevarnos a su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a Avellaneda y pudimos, por fin, descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La familia nos recibió con mucho cariño Las chicas nos regalaron algunos vestidos y sombreros, ropa interior y después de un tiempo entendíamos el español.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos buscaron una pequeña casa y pagaron el alquiler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisieron que estuviera cercana de la suya, en la calle 9 de julio, para que nos sintiéramos seguras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá comenzó a dar clases en el Kindergarden de la calle San Martín, mientras intentaba cada día hablar mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis primas me llevaban a fiestas y reuniones; pocos me preguntaban lo que me había pasado. Eran cariñosos y solidarios pero parecían no querer hacernos recordar los malos momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto pudimos prepararnos para recibir a los Stein, que llegaron en un barco desde Marsella y darles hospedaje en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel había crecido. Ya no era el jovencito granoso y desgarbado que había cargado las colchonetas y ahora era yo su intérprete y guía por la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibíamos pocas cartas. La Sra. Lippmann nos escribía desde Nueva York, había visto a la Sra. Gurmann, le había contado que había dejado pagada la tumba del profesor por cinco años pero al pasar por Port Bou la Sra. Arendt la había buscado y no había ninguna con su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel y su padre trabajaban en la sastrería del Señor Richter y una tarde mientras paseaba con Dany por Crucecita me dio un beso, el primer beso de tu padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sigue de la historia lo conoces . Te envío esta carta porque creo que debes hacerte cargo del paquete que te adjunto por correo separado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imagino que andarás con miles de preocupaciones entre la mudanza, el cambio de clima y los papeles que tendrás que arreglar. Todos me dicen que en Madrid estarás más segura que aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto es que los doctores han dicho que debo hacer reposo absoluto porque mi diabetes se ha agravado y tengo una pierna con una herida que no se cierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabes que soy muy aprensiva y aunque dicen que de ésta no me muero, quiero dejar todas mis cosas bien ordenadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero vuelvo al paquete; cuando entré a la habitación del profesor estaba envolviendo en un papel de periódico, cogido del hotel, unas hojas escritas mientras decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...fines justos pueden ser alcanzados con medios legítimos, medios legítimos pueden ser empleados para fines justos, ¿por qué utilizan tanta violencia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas palabras las repetía sin cesar mientras terminaba de atar con una cuerda el paquete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estimada Señorita, estoy muy cansado y me temo que no podré continuar este viaje pero quisiera rogarle que cuide de este paquete hasta que lo envíe a un amigo mío. Vive en Israel, en este papelito, que no debe perder, tiene sus datos y espero que cuando termine esta violencia dominante que nos gobierna pueda hacerse cargo de mi manuscrito. Aunque pase mucho tiempo le ruego que no lo pierda ni destruya, guárdelo, de alguna manera será recompensada. Puede leerlo, pero le suplico que no cuente a nadie que lo tiene y cuando pase todo esto póngase en contacto con mi amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con su pañuelo, sobre el que lloré su muerte, envolví el paquete y lo guardé en el fondo de mi bolsa y así viajó hasta Avellaneda pero perdí el papelito, no sé cuándo ni cómo pero no lo encontré y yo con el paquete del profesor sin poder entregarlo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No conté a nadie de su existencia, había hecho una promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora no sé qué me pasará y tienes que hacerte cargo de él. Tú has estudiado y quizá sepas cómo hacerlo llegar a quien corresponda, trátalo con mucho cariño y hasta que no estés segura no hables de él a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un beso de tu madre que te quiere mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Serafín&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Marisol se detuvo frente a la higuera, le habían dicho que a cincuenta pasos estaba la gran puerta. Se acercó a la entrada y dejó el ramo de margaritas y rosas junto al muro; la cancela estaba cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresó pensativa por el mismo camino. Las piedritas se colaban en las sandalias obligándole a mover los pies para que cayeran de nuevo al camino del que formaban parte. Había llovido y mientras esquivaba los charcos con pequeños saltos imaginaba a su madre, pequeña, corriendo y saltando por el mismo camino. No se sentía cómoda. Una sensación de inquietud le había acompañado hasta la gran puerta de metal que custodiaba la entrada del cementerio. Cumplir aquella promesa no le molestó, pero el desconocimiento, el no saber por qué se había hecho, le producía una sensación de inquietud que no podía disimular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recorrió la calle Mayor hasta llegar al hotel. Antes de pedir las llaves de la habitación tomó una bebida fría. Minutos más tarde subió a ducharse. Lanzó las sandalias al aire, se desnudó y corrió al baño para quedarse largo rato bajo el agua tibia de la ducha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una promesa siempre debe cumplirse, le había dicho su madre mirándola a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El teléfono sonaba insistente, una y otra vez, pero Marisol no se levantó, sabía que era ella la que insistía al otro lado de la línea. No tenía ganas de hablar. Se vistió y salió a la calle. Se sentó en una horchatería, al aire libre, bajo uno de los toldos naranjas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había llegado la mañana del día anterior al hotel, su madre había reservado la habitación hacía dos meses porque quería asegurarse de que su hija iría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era su intención llegar al pueblo, debía dar una conferencia en la Universidad Popular y luego quería tomar sol y bañarse en la playa, pero ahora estaba a 30 Km de la Universidad y de la playa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observó las caras de la gente que estaba sentada y los que paseaban. Alguno de ellos sería un pariente, si conociera todos sus apellidos quizá podría buscar en alguna guía telefónica los posibles primos. Al irse del pueblo su madre rompió con todo su pasado y sólo le contó que los parientes, al estar su padre en la cárcel, desaparecieron de su entorno. Sus abuelos nada le habían contado sobre su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resu, la madre de Marisol, dejó de insistir y colgó el teléfono. Su hija estaría paseando o tomando algo fresco después de visitar el cementerio. Se acomodó en el sillón que con los años había tomado la forma de su cuerpo e intentó recordar. No lo hacía con claridad, como si todo lo sucedido hubiese barrido los recuerdos de su infancia y su juventud, sólo recordaba el papel en su mano mientras gritaba por la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había enamorado a los quince años de Carles, tenía diez años más que ella, una gran fuerza y una enorme sonrisa. Visitaba con frecuencia a su padre, Alfonso le prestaba libros y le recomendaba lecturas. Carles, de familia modesta, sólo había podido asistido a los cursos para aprender a leer, escribir y moverse sin dificultad en las cuentas. Ayudaba a su padre en los arrozales, ocho fanegas en total que tenían que dar de comer a una familia de siete hijos, Carles era el mayor y sobre él recaían demasiadas responsabilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cada visita Carles traía en una cesta una calabaza, algunas cebollas, algún tomate, varias naranjas o cualquier otra cosa de la huerta familiar que su madre preparaba con esmero como agradecimiento al aporte en conocimiento y al préstamo de los libros. Alfonso sólo contaba con su sueldo de maestro y un pequeño arrozal y cada cesta era recibida con enorme alegría ya que en esos años 40, donde no existía casi el dinero y los productos de la tierra eran un lujo, la cesta de Carles representaba la comida de media semana de la pequeña familia. Su arrozal de tres fanegas, lo llevaba el muchacho con su padre, ya que limitaba con los suyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1945 Carles pidió permiso a Alfonso para acompañar a Resu los domingos a misa y dos años más tarde se casaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carles mudó sus pertenencias a la casa del suegro y siguieron discutiendo de libros hasta que en 1949 la Guardia Civil fue a buscarlo una noche. Un vecino, obligado por sus deudas con uno de los grandes, tuvo que delatar a alguno de los rojos del pueblo y nombró a Carles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resu había tenido a Serafín hacía seis meses. Se acercó al cuartelillo por la mañana temprano con el niño en brazos, le explicaron que había sido enviado a la Cárcel Modelo de Valencia y que al día siguiente le indicarían el tiempo que permanecería preso, fueron dos años y tres meses porque el vecino se retractó de la denuncia y desapareció del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serafín tenía un año y era un niño tan alegre como su padre, cuidado por su madre y sus abuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus suegros traían la cesta pero la falta del trabajo de Carles había mermado sus ingresos y no podían entregarle ni una peseta. Había intentado buscar algún trabajo pero con la etiqueta de rojo de su marido era imposible encontrar algo. Vivían con el sueldo de Alfonso que apenas llegaba para comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serafín una mañana despertó con mucha fiebre, el pequeño tenía dificultades para respirar y el médico diagnosticó una pulmonía que sólo podía curarse con el nuevo y milagroso medicamento: la penicilina. Resu corrió a comprarla a la botica y le indicaron que el tratamiento costaba 30 pesetas y debía pagarlo en efectivo cuando se lo entregaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su monedero sólo tenía las siete pesetas ahorradas durante mucho tiempo, sus padres no podrían darle más que cinco y sus suegros dos o tres. Visitó a sus tíos y primos y logró juntar otras tres pesetas. No tenía suficiente. Su padre le entregó la escritura del arrozal para que lo hipotecara por la suma que faltaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que los ricos aceptaban las escrituras haciendo una hipoteca por la cantidad necesitada a devolver en un año o año medio. Y fue ofreciéndola a gritos por la calle, como había visto hacerlo a otras mujeres pero nadie salió a la calle, no se abrió ninguna puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serafín murió a la semana siguiente. Lo enterraron en el viejo cementerio y Resu decidió irse de ese pueblo y no volver jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajó a Valencia y trabajó de interna hasta que Carles salió de la cárcel. Fueron a vivir a Madrid y con grandes dificultades emprendieron otra vida. Resu y Carles nunca volvieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Marisol contó a su madre que debía dar una conferencia en Gandía, ésta le hizo prometer que dejaría un ramo de flores a la entrada del cementerio recordando a su querido Serafín. Resu nunca le había hablado a su hija del pequeño Serafín. Marisol no sabía que tuvo un hermano, que aquel ramo de flores era para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-6717960438437060132?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/6717960438437060132/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=6717960438437060132&amp;isPopup=true' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/6717960438437060132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/6717960438437060132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/11/adriana-serlik-nac-en-avellaneda.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-59944630424832719</id><published>2007-11-05T00:59:00.000-08:00</published><updated>2007-11-05T15:31:57.406-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129286746067790978" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/Ry7jHpJ9bII/AAAAAAAAAEY/agQWvpWHWl4/s320/JESUSADEMIR.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;JESÚS ADEMIR MORALES ROJAS.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Escritor Mexicano, nace el 7 de agosto de 1973. Actualmente estudia en la Universidad Claustro de Sor Juana, Diplomado de Historia del Arte. En 1995 fué Tallerista de creación literaria en Casa del Lago de la UN Museo del Chopo. Y entre 1992 - 2003 fué pasante en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Filosofía y Letras.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ademir posee una basta producción literaria donde destacan los ensayos:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A&lt;strong&gt;RTÍCULOS PUBLICADOS EN EL PERIÓDICO MILENIO-Suplemento Generación M&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;- Atreverse a ser: La Invención más admirable de Leonardo Da Vinci (Agosto 2006)&lt;br /&gt;- La sabiduría mexicana (Septiembre 2006)&lt;br /&gt;- La muerte y la libertad (Octubre 2006)&lt;br /&gt;- Prometeo insurrecto en seis aforismos (Noviembre 2006)&lt;br /&gt;- Por el lado oscuro del camino (Febrero 2007)&lt;br /&gt;- Breve Tributo a la Utopía (Marzo 2007)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colaborador habitual en las siguientes publicaciones electrónicas&lt;br /&gt;Blade Runner:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.geocities.com/hollywood/boulevard/7920/"&gt;http://www.geocities.com/hollywood/boulevard/7920/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cybercultura:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://experimentegamelab.blogspot.com/"&gt;http://experimentegamelab.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actualidad tecno-informática:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://tecnoliberacion.blogspot.com/"&gt;http://tecnoliberacion.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;TRABAJOS ACADÉMICOS&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Traducciones al español encomendadas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM para su acervo documental, y realizadas en 2006:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Introducción al libro, “Crisis in the life of an actress and other essays on drama” by Soren Kierkegaard, Lonon Cox&amp;amp;Wyman, 1967&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Introducción al libro, “The living thoughts of Kierkegaard”” (Antology of texts of Soren Kierkegaard) by W.H. Auden, New York Review of Books, 1999&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PUBLICACIONES EN LA RED (Ensayos, Cuentos y Relatos)&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/5122/jesus-ademir-morales-rojas/en-la-ciudad-de-la-noche-eterna/"&gt;› En La Ciudad De La Noche Eterna&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/5073/jesus-ademir-morales-rojas/el-ultimo-destino-del-teocuicatl/"&gt;› El último Destino Del Teocuicatl&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/5013/jesus-ademir-morales-rojas/la-ruta-extraviada-del-teocuicatl/"&gt;› La Ruta Extraviada Del Teocuicatl&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4992/jesus-ademir-morales-rojas/alondra-en-vuelo-sobre-los-inferos-del-ser/"&gt;› Alondra: En Vuelo Sobre Los ínferos Del Ser&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4962/jesus-ademir-morales-rojas/triptico/"&gt;› Tríptico&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4892/jesus-ademir-morales-rojas/la-cabeza-de-pajaro-de-ojos-vacios/"&gt;› La Cabeza De Pájaro, De Ojos Vacíos&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4868/jesus-ademir-morales-rojas/blade-runner-en-heraclito-el-asomo-del-no-ser-como-esperanza/"&gt;› Blade Runner En Heráclito: El Asomo Del No Ser Como Esperanza&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4808/jesus-ademir-morales-rojas/ecos-del-mundo-antiguo-iv/"&gt;› Ecos Del Mundo Antiguo Iv&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4692/jesus-ademir-morales-rojas/blade-runner-la-pregunta-como-forma-de-ser/"&gt;› Blade Runner: La Pregunta Como Forma De Ser&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4626/jesus-ademir-morales-rojas/alien-el-extrano-ser-que-habita-en-nosotros-/"&gt;› Alien: El Extraño Ser Que Habita En Nosotros.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4516/jesus-ademir-morales-rojas/cinco-variaciones/"&gt;› Cinco Variaciones&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4475/jesus-ademir-morales-rojas/los-monstruos-de-lovecraft/"&gt;› Los Monstruos De Lovecraft&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4458/jesus-ademir-morales-rojas/el-jardin-de-las-delicias/"&gt;› El Jardín De Las Delicias&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4418/jesus-ademir-morales-rojas/k-en-el-castillo/"&gt;› K En El Castillo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4387/jesus-ademir-morales-rojas/el-alfabeto-del-delirio-apuntes-sobre-david-lynch/"&gt;› El Alfabeto Del Delirio: Apuntes Sobre David Lynch&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4356/jesus-ademir-morales-rojas/indiferencia/"&gt;› Indiferencia&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4355/jesus-ademir-morales-rojas/el-ardid-infierno-8/"&gt;› El Ardid (infierno 8)&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4334/jesus-ademir-morales-rojas/la-rosa-azul/"&gt;› La Rosa Azul&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4309/jesus-ademir-morales-rojas/improvisacion/"&gt;› Improvisación&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4286/jesus-ademir-morales-rojas/el-caballero-y-el-dragon/"&gt;› El Caballero Y El Dragón&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4245/jesus-ademir-morales-rojas/los-secretos-delirios-de-antigona/"&gt;› Los Secretos Delirios De Antígona&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4220/jesus-ademir-morales-rojas/el-sortilegio-de-la-espada-en-el-manantial/"&gt;› El Sortilegio De La Espada En El Manantial&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4187/jesus-ademir-morales-rojas/los-ocultos-motivos-del-silencio/"&gt;› Los Ocultos Motivos Del Silencio&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4147/jesus-ademir-morales-rojas/la-oscura-senda-del-extravio/"&gt;› La Oscura Senda Del Extravío&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4098/jesus-ademir-morales-rojas/alguien-susurra-en-la-playa-vacia/"&gt;› Alguien Susurra En La Playa Vacía&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4056/jesus-ademir-morales-rojas/no-me-quieras-quiere-apuntes-sobre-alfonsina-storni/"&gt;› No Me Quieras: ¡quiere! – Apuntes Sobre Alfonsina Storni&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/4029/jesus-ademir-morales-rojas/castigo-ii/"&gt;› Castigo Ii&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3994/jesus-ademir-morales-rojas/breves-acotaciones-del-infierno-vii-avaricia/"&gt;› Breves Acotaciones Del Infierno Vii- Avaricia&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3970/jesus-ademir-morales-rojas/la-voluntad-de-amar/"&gt;› La Voluntad De Amar&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3907/jesus-ademir-morales-rojas/el-sable-fugaz-al-filo-del-viento/"&gt;› El Sable Fugaz, Al Filo Del Viento&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3857/jesus-ademir-morales-rojas/el-extrano-que-surge-de-la-selva-sombria-/"&gt;› El Extraño Que Surge De La Selva Sombría.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3764/jesus-ademir-morales-rojas/la-agonia-de-existir/"&gt;› La Agonía De Existir&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3635/jesus-ademir-morales-rojas/la-eterna-sonrisa-en-la-oscuridad/"&gt;› La Eterna Sonrisa En La Oscuridad&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3543/jesus-ademir-morales-rojas/dina-bellrham-la-oscura-libelula-que-arde-en-luz/"&gt;› Dina Bellrham: La Oscura Libélula Que Arde En Luz&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3542/jesus-ademir-morales-rojas/el-intruso/"&gt;› El Intruso&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3487/jesus-ademir-morales-rojas/breves-acotaciones-del-infierno-vi-la-gula/"&gt;› Breves Acotaciones Del Infierno Vi-la Gula&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3386/jesus-ademir-morales-rojas/la-pequena-ciudad-del-tiempo-perdido/"&gt;› La Pequeña Ciudad Del Tiempo Perdido&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3305/jesus-ademir-morales-rojas/el-satiro-de-tarsis/"&gt;› El Sátiro De Tarsis&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3197/jesus-ademir-morales-rojas/el-ultimo-beso-de-venus-/"&gt;› El último Beso De Venus.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3163/jesus-ademir-morales-rojas/breves-acotaciones-del-infierno-v-lujuria/"&gt;› Breves Acotaciones Del Infierno V-lujuria&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3150/jesus-ademir-morales-rojas/la-bestia-de-los-mil-rostros/"&gt;› La Bestia De Los Mil Rostros&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3081/jesus-ademir-morales-rojas/fuera-de-la-taberna-la-noche-y-ayanami-/"&gt;› Fuera De La Taberna: La Noche Y Ayanami.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/3062/jesus-ademir-morales-rojas/breves-acotaciones-del-infierno-iv-el-limbo/"&gt;› Breves Acotaciones Del Infierno Iv-el Limbo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2969/jesus-ademir-morales-rojas/breves-acotaciones-del-infierno-iii-caronte-y-la-barca/"&gt;› Breves Acotaciones Del Infierno Iii-caronte Y La Barca&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2925/jesus-ademir-morales-rojas/ecos-del-mundo-antiguo-iii/"&gt;› Ecos Del Mundo Antiguo Iii&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2815/jesus-ademir-morales-rojas/breves-acotaciones-del-infierno-ii-el-enviado/"&gt;› Breves Acotaciones Del Infierno Ii-el Enviado&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2757/jesus-ademir-morales-rojas/breves-acotaciones-del-infierno-el-extravio/"&gt;› Breves Acotaciones Del Infierno- El Extravío&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2648/jesus-ademir-morales-rojas/ecos-del-mundo-antiguo-ii-/"&gt;› Ecos Del Mundo Antiguo Ii.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2537/jesus-ademir-morales-rojas/el-espejo-de-dionisos-/"&gt;› El Espejo De Dionisos.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2512/jesus-ademir-morales-rojas/ecos-del-mundo-antiguo-/"&gt;› Ecos Del Mundo Antiguo.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2490/jesus-ademir-morales-rojas/el-canto-del-sileno-cautivo-/"&gt;› El Canto Del Sileno Cautivo.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2461/jesus-ademir-morales-rojas/alicia-y-el-sueno-del-rey-rojo-/"&gt;› Alicia Y El Sueño Del Rey Rojo.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2424/jesus-ademir-morales-rojas/inocencia-/"&gt;› Inocencia.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2406/jesus-ademir-morales-rojas/la-insoportable-persistencia-del-ser-/"&gt;› La Insoportable Persistencia Del Ser.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2340/jesus-ademir-morales-rojas/castigo-/"&gt;› Castigo.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2313/jesus-ademir-morales-rojas/la-vuelta-a-arcadia-/"&gt;› La Vuelta A Arcadia.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2311/jesus-ademir-morales-rojas/entre-el-delirio-y-la-genialidad-poe-y-feyerabend-tomandose-un-trago-/"&gt;› Entre El Delirio Y La Genialidad: Poe Y Feyerabend Tomándose Un Trago.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2310/jesus-ademir-morales-rojas/la-muerte-de-socrates-/"&gt;› La Muerte De Sócrates.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2265/jesus-ademir-morales-rojas/la-sabiduria-mexicana-/"&gt;› La Sabiduría Mexicana.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2264/jesus-ademir-morales-rojas/la-muerte-y-la-libertad-/"&gt;› La Muerte Y La Libertad.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2263/jesus-ademir-morales-rojas/la-region-sombria-rulfo-colli-los-murmullos-y-el-silencio-/"&gt;› La Región Sombría ( Rulfo, Colli, Los Murmullos Y El Silencio).&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2262/jesus-ademir-morales-rojas/la-mirada-de-citerea-/"&gt;› La Mirada De Citerea.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2211/jesus-ademir-morales-rojas/contra-la-tirania-de-la-revolucion-/"&gt;› Contra La Tiranía De La Revolución.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2210/jesus-ademir-morales-rojas/kirilov-el-suicida-/"&gt;› Kirilov El Suicida.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2209/jesus-ademir-morales-rojas/jaque-a-la-muerte-/"&gt;› Jaque A La Muerte.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2208/jesus-ademir-morales-rojas/mexico-en-la-obra-de-francisco-toledo-/"&gt;› México En La Obra De Francisco Toledo.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2207/jesus-ademir-morales-rojas/el-legado-clasico-frente-a-la-barbarie-/"&gt;› El Legado Clásico Frente A La Barbarie.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2206/jesus-ademir-morales-rojas/gummo-el-anhelo-de-muerte-/"&gt;› Gummo: El Anhelo De Muerte.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2205/jesus-ademir-morales-rojas/la-juventud-su-expresion-y-su-mundo-/"&gt;› La Juventud, Su Expresión Y Su Mundo.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2204/jesus-ademir-morales-rojas/todos-somos-juan-preciado-/"&gt;› Todos Somos Juan Preciado.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2203/jesus-ademir-morales-rojas/el-mexicano-su-soledad-y-la-muerte-/"&gt;› El Mexicano, Su Soledad Y La Muerte.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2197/jesus-ademir-morales-rojas/el-enigmatico-vuelo-de-icaro-/"&gt;› El Enigmático Vuelo De ícaro.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2192/jesus-ademir-morales-rojas/la-muerte-y-la-piedad-/"&gt;› La Muerte Y La Piedad.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2190/jesus-ademir-morales-rojas/la-invencion-mas-admirable-de-leonardo-da-vinci-/"&gt;› La Invención Más Admirable De Leonardo Da Vinci.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2189/jesus-ademir-morales-rojas/por-el-lado-oscuro-del-camino-/"&gt;› Por El Lado Oscuro Del Camino.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.escritorium.com/2188/jesus-ademir-morales-rojas/ofelia-las-flores-el-arroyo/"&gt;› Ofelia, Las Flores, El Arroyo…&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a 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Nacional Autónoma de México, y de arte y literatura en otras instituciones culturales.&lt;br /&gt;(En el fondo soy un feliz autodidacta de librerías de viejo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;CUENTOS&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;* La cabeza de pájaro, de ojos vacíos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, ahora era su turno.Ollin, el cazareplicantes, guardó sus fotografías. Las atesoraba. Todas de los tiempos con Lisa, con el pequeño Tetsuo. El hoy, sin ellos: un ámbito de brumas. Acudió al llamado del capitán Bryant. El del rostro mofletudo. Espinoso.—Ya no contamos con el mejor. Pero te tenemos a ti. Contamos contigo. Por eso estás aquí.Ollin asintió en silencio. Bryant le informó: tres replicantes. Tenían en su poder a un niño. Un pequeño de cinco. Había que recuperarlo. Se sospechaba que estaban ocultándose en un abandonado complejo industrial. La familia del niño ejercía presión. Era preciso apresurarse. Ser discretos.Bryant le mostró imágenes de los secuestradores replicantes. Adversarios poderosos. De cuidado. Una pareja. Orientales. Dos.— ¿Y el tercero?—No sabemos quién es. Pero lo que es seguro, es que está con ellos. Y es además, el líder.Ollin medita. Bryant lo toma como un titubeo. Le ofrece un trago. No está dispuesto a arriesgarse a perderlo. A otro, como aquel anterior. Ya no.El cazareplicantes acepta. Toma el vaso. Bebe de un tirón. Mezcal (sintético). Ollin no hace ni un gesto. Bryant se admira. Se sorprende. (O parece hacerlo)Ollin se despide. Toma su negra gabardina. Sale.Afuera, su vehículo aéreo, su fiel y viejo spinner. Se sumerge con él en el inmenso mar de luces. Tráfico. Humo. Negrura. Luces difusas por doquier. Hologramas descomunales. Ominosos. Multicolores. Avisos. Publicidad. Más humo. Siempre es de noche. Las torres de escape, de innumerables refinerías y fábricas, rugen una vez más. Llamaradas feroces hacia el cielo oscuro. Queman. Los edificios colosales y grotescos. Castillos, fuertes, pirámides: metal, plástico y cristal, sobre roca gastada. Le salen al paso. Los esquiva al conducir a baja altura. Diluvia. Ollin se desorienta. Desciende.Una cafetería. Un oasis de luz y resguardo de la lluvia. Entra. (Se silencia la música allí). Sólo algunos comensales y el dependiente. Voltean a mirarlo. Todos sonríen. (Con la misma sonrisa).Ollin les sostiene la mirada. Pero ellos no cejan. Afuera negrura y lluvia sucia. Dentro luz ciega y fría. Asepsia agobiante. Mosaicos, formaica y olor a café. (Y sonrisas).Ollin se acerca al dependiente. Le pide cualquier cosa. El hombre calvo va, le sirve, y se queda junto a él. Siempre con aquella mueca bufonesca. El gran reloj digital del lugar. Sus números rojos. Parecen detenidos. Silencio. Ollin se incomoda. Nada parece real. Siente el contacto de sus fotografías. Esto le impulsa. Pregunta entonces al dependiente, por el complejo industrial abandonado. El hombre no dice una palabra. Sólo levanta el brazo lentamente, y señala un lugar más allá del umbral del establecimiento. De la luz. Ollin agradece y se dispone a partir (con premura). De pronto, un chasquido lo detiene. Sobresaltado, se vuelve para mirar. El dependiente. Su brazo estirado. La mueca. En el mostrador su dentadura. Se le ha caído. Nadie se mueve. Ni él. Calvo. Sonrisa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Todos le miran salir. Se interna en las cortinas de lluvia. (Detrás regresa la música, pero sólo por un instante: pronto se pierde, como todo, en las sombras y los reflejos inciertos de luminosidad fragmentada. ¿Estuvo allí, alguna vez?)Ollin localiza por fin el lugar. Un laberinto de bóvedas, torretas, escalerillas, y ductos interminables y retorcidos. El cazareplicantes. Sus oponentes. Los siente al llegar. Los percibe sin saber cómo. Ellos allá están. Ocultos. Aguardando.Inicia la inspección, del lugar, pistola en mano. Sus botines resuenan sobre el piso de aluminio. Óxido. Ecos. Vacío. Deambula durante mucho tiempo por aquel sitio desolado. Inesperadamente, le parece ver siluetas en movimiento. Sombras. Ecos. Sube por una escalera de caracol. Parece infinita. Pisadas. Murmullos. A la corta distancia, un compartimiento con la puerta entreabierta. Brota de allí, luz tenue. En ese mismo corredor, a las afueras de aquel compartimento, alguien. Dos figuras, de pie, inclinadas hacia algo. Observándolo. Extienden las manos hacia el objeto. Le hablan. Le acarician. Ollin se acerca. Es un motor antiguo. Las figuras se descubren siendo espiadas. Advierten la presencia de Ollin. Son los replicantes. La pareja asiática. Se ocultan presurosos en las tinieblas. Ecos.Ollin va tras ellos (ni rastros del niño). Les dispara. El lugar entero se estremece. Siente un empujón. Cae. Rueda por la escalera. Se lastima. (Risas entre las sombras). Aturdido, otea en las penumbras. Descubre a los replicantes. Vienen hacia él. Dando maromas. Unidos, entrelazados por completo, contorsionados, parecen un monstruoso insecto hipertrofiado.Llegan hasta él. Lo obligan por la fuerza, a participar de su grotesco anudamiento. De su abrazo mortífero. Ollin gime. Crujidos. Dolor.Las fotografías caen de sus ropas rasgadas. Aún entre lágrimas, esto le hace reaccionar. Desoye por un instante, aquel llamado frío y casi irresistible. Lucha por liberarse de aquel conglomerado de torsiones. Los replicantes le sienten debatir. Sonríen en la oscuridad. Su brazo, libre ya. Su arma caída. Finalmente la alcanza. Un esfuerzo más. Un acomodo. Dispara. Se desata rotundamente el nudo de cuerpos. Uno de los replicantes. Ella. Se estremece como una muñeca de cuerda, estropeada. Se agita frenéticamente, en una desquiciada epilepsia. Luego se inmoviliza de golpe.Su compañero busca escapar. Corre. Ollin le dispara por la espalda. El hombre da trompicones, cae y se estremece igual. Muere. Ollin intenta recuperarse, pero en eso, siente un dolor agudo en su pierna. Algo le muerde con fiereza. Le araña. Le rasga. Ollin se sacude a la criatura. Esta se aleja escabulléndose. Ollin persigue al ser chillón y rastrero, que se oculta detrás de unos desperdicios industriales. Allí acecha a Ollin. Cuando éste va por esa cosa, el ser furioso quiere volver a saltarle encima. Chillidos. Un nuevo disparo. Silencio.Ollin alumbra al caído. Es el niño buscado. El cazareplicantes se alarma. Consternado, toca el cuerpo, lo revisa. Descubre cables, transistores, lubricantes artificiales. Otro replicante. El tercero. El líder.Ollin no aguarda más. Recupera sus fotografías. Levanta los restos del diminuto replicante, y sale hacia su spinner. Hacía la noche eterna.(Cuando se ha ido ya, varias figuritas emergen de entre las sombras del complejo industrial abandonado. Se dirigen dando saltos, hacia el compartimiento iluminado. La habitación misteriosa. La de la tenue luz. Se asoman allí. Le hablan a alguien que está en el interior. Luego por fin, sale el pequeño niño buscado. Se reúne con las figuritas, con sus replicantes. Se toman todos de la mano. Pronto han hecho una ronda alrededor del viejo motor silencioso.Allí, entre las sombras, giran, danzan y cantan.)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Copyright © Jesús Ademir Morales Rojas. Todos los derechos reservados.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;* &lt;strong&gt;En la Ciudad de la Noche Eterna&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los caza-replicantes Ollin y Holden fueron comisionados por el jefe de la policía Bryant para investigar acerca de grupos de replicantes fugados, que presuntamente se reunían en forma clandestina en la “Zona Roja” de Los Angeles.Holden recién se había recuperado de una grave lesión, que lo había tenido fuera de combate durante meses, y Ollin ocupaba ahora el lugar que había dejado vacante aquel que fuera el mejor blade runner, Rick Deckard, hoy desaparecido. Fueron conducidos por el astuto Gaff, por tierra, a bordo de una patrulla disimulada, hasta el peligroso sitio.Allí, en un intrincado laberinto de calles sucias, atiborradas de comercios ambulantes, de cualquier tipo de artículos pornográficos, se despidieron de Gaff, asegurándole que seguirían sus recomendaciones y consejos; (Gaff por x razones, parecía conocer bastante bien los secretos riesgosos de aquella tierra de nadie).Ollin y Holden, se internaron en la Zona Roja, ese mundo aparte dentro de la propia ciudad de Los Angeles, en aquel año de 2023.Tras evadir a persistentes vendedores de chips de placer y hologramas de sadomasoquismo extremo, decidieron entrar por separado a un oculto centro de espectáculos hardcore, en donde hombres y mujeres extenuados y curtidos, practicaban exhibiciones sexuales con grotescas maquinarias llenas de pistones, palancas y motores ruidosos. Realmente era algo muy duro de presenciar, y a la larga sólo pocos espectadores permanecieron para ver el final del show. Ollin y Holden, estaban entre estos últimos, aguardando, a pesar de cierto asco y malestar, en especial de Ollin; pero era preciso seguir las pistas brindadas por Gaff, obtenidas a través de los informadores y soplones de la Zona Roja, con los que mantenía tratos y contactos esporádicos. El anunciador, un tipo punkie gordo y sin cuerdas vocales, que bramaba con voz robótica, utilizando un dispositivo en su garganta, y que además por ser paralítico, e inmensamente voluminoso, era conducido colgando en una pequeña grúa; dio aviso del próximo número, el final del espectáculo.Era “La danza de las Eurídices desolladas”, interpretada por la hermosa Siraí. Holden y Ollin, entre el público presente- sólo tipos duros, llenos de cicatrices y vistiendo oscuras ropas estrafalarias, de corte variopinto- vieron como ingresaba dando maromas una mujer alta y muy delgada, con cada centímetro de su cuerpo, literalmente, cubierto de piercings, a excepción del limpio rostro afro, increíblemente hermoso, de rasgos delicados y de ambigua sonrisa permanente. A Ollin le pareció una auténtica estatua de plata, debido a los destellos de los adornos metálicos que colmaban aquel cuerpo felino.Entonces comenzó una extraña coreografía, al ritmo de música oriental, que parecía mezclar insólitamente, bailes rituales africanos, danzas prehispánicas y movimientos del Trance más oscuro, con ciertos gestos y ademanes del lenguaje de los sordomudos. Más gente salió decepcionada y un tanto furiosa, ante esta farsa de algo, que esperaban fuese enfermizo, bizarro y sexualmente torcido. Escasamente quedaban siete espectadores, contando a los asombrados Ollin y Holden. Enormes sujetos, con la calva teñida de amarillo fosforescente y con ropas de plástico transparentes, en ese momento, cerraron disimuladamente las puertas del improvisado foro, en ese callejón miserable. Holden hizo un gesto incipiente a Ollin, y se dirigió discretamente tras bambalinas. Allí descubrió a un gigante albino, con penacho de plumas, que aguardaba algo. Holden se ocultó y no le perdió de vista. Mientras en el escenario, los sujetos de calva fosforescente instalaron un tálamo cubierto con una cúpula de cristal de superficie velada, que sólo permitía ver difusamente la silueta de Siraí que aguardaba en el lecho con su sinuoso cuerpo relajado.El anunciador, el gordo punkie, hablo de nuevo entonces: manifestó que estaban seguros los pocos espectadores que quedaban, que para ellos, era ahora el premio por su paciencia y entrega: la extraña danza de Siraí era una inusual variación del Test Voight-Kampf, puesta en baile, que contenía mensajes subliminales que repelían a los seres humanos y que cautivaban a los replicantes. El punkie decía ahora a los espectadores que su secreto estaba a salvo: él sabía que eran replicantes, pero que no los denunciaría, que aquél era un oasis para ellos, un oasis de amor y deseo.En eso, retiraron por un momento la cubierta de cristal velado, y el hermoso cuerpo lleno de piercings de Siraí quedo a la vista de los espectadores alucinados. El punkie invitó a uno de ellos a que pasara a gozar de la danzarina, a la vista de todos. Ollin estaba impactado, no creía la revelación que le hacían acerca de su supuesta naturaleza no humana, y el extraño ritual que estaba a punto de presenciar le azoraba por entero.Mientras Siraí se contorsionaba en el lecho al compás de orientales melodías, para atraer al replicante indeciso, los calvos forzudos colocaron de nuevo la campana. Las siluetas unidas hablaron por sí solas. Luego del primer acto, las luces se atenuaron, retiraron la campana, donde ahora allí, sólo estaba la mujer sensual tendida como una pantera insatisfecha. Ollin, no resistió más y se dirigió al tálamo, sin pensar, sólo ardiendo de confuso deseo. La sonriente danzarina metálica estiró los brazos para recibirlo.Mientras tanto Holden escuchaba hablar al gigante albino del penacho, que había estado vigilando, y a quien se le había reunido el punkie, con la grúa a control que lo sostenía, donde colgaba de un arnés.Holden se impactó cuando descubrió la fechoría que llevaban a cabo: eran traficantes de partes de androides, de alguna manera Siraí les provocaba la “muerte” con su unión sexual, y los restos de los hombres artificiales, los replicantes, eran retirados pronto para ser desarticulados, desmembrados, y preparados para la tráfica clandestina de sus componentes. En ese momento el gordo punkie, dueño de ese circo singular, verdadera trampa mortal, y el traficante principal de la Zona Roja, el albino gigante, cerraban un trato. Holden ya no esperó más. Era un blade runner, sí, pero también era un policía, y las reuniones de androides fugados eran motivadas por ese par de malandrines. De tal suerte que con arma en mano, se dispuso a detenerlos. Ellos se sorprendieron mucho, al descubrirlo allí inesperadamente. Más sin embargo, buscaron reaccionar al momento: el gigante albino arrojó al gordo como un péndulo mortal hacia Holden. Pero este último ya lo estaba esperando, evadió el golpe tirándose al suelo, mientras el gordo se hacía papilla al estrellarse contra el muro metálico de aquél callejón sucio. A la vez Holden, estando tumbado en el suelo, disparó varias cargas sobre las piernas del gigante, quien cayó abatido como una caña inmensa. Holden entonces se dirigió presto al escenario para salvar a su compañero Ollin.Sin que los calvos fosforescentes y forzudos pudieran impedirlo, Holden subió al escenario y rompió de un cachazo la campana de cristal que cubría al lecho y sus ocupantes agitados. Holden se consternó al límite al descubrir entre los fragmentos de cristal a un Ollin agonizante pero persistente en su pasión: los percings de Siraí se habían vuelto afilados y mortales, al frotarlos ella voluntariamente, furiosamente, contra el cuerpo de su amante inerme. Holden safó al sangrante Ollin del criminal abrazo y lo arrojó al suelo. Allí quedo el desventurado caza replicantes encogido entre estertores incontrolables que presagiaban lo peor. Siraí se lanzó contra Holden, agitando sus miembros hacia él, con las más nefastas intenciones. Pero Holden le disparó a quemarropa en el vientre. La danzarina de metal, fue lanzada hacia atrás por la detonación y allí en el escenario, quedo muerta en el acto. Los replicantes espectadores insatisfechos en sus deseos, y los furiosos calvos forzudos cómplices del delito, trataron de linchar a Holden, quien abatió a varios al descargar su arma en contra de ellos, pero pronto fue levantado por la turba enloquecida y sometido a una brutal lluvia de golpes y vejaciones. Cuando todo parecía ya perdido, arribó Gaff con varios contingentes de blade runners y policías, acudiendo al previo llamado que Holden le había hecho, al descubrir la criminal conspiración, y luego de un enfrentamiento colosal, los agentes de la ley lograron imponer el orden en el lugar.Gaff encontró a Holden moribundo, por lo que solicitó a una ambulancia que lo trasladara a un hospital de inmediato. Luego fue a ver a Ollin. El caza replicantes yacía “muerto” encogido en un rincón, desangrado grotescamente por innumerables heridas. Gaff, al parecer sin conmoverse, se aproximó al cuerpo y le quitó algo que sujetaba Ollin, al “fallecer”: sus preciadas fotografías, las de su vida anterior, con su familia. Su exmujer y su pequeño hijo. Gaff las guardó en su gabardina, subió a su vehículo y se internó en las luces sordas de la noche eterna.Mientras, el inmenso rostro de una Geisha musitadora, del anuncio-holograma de un mudo dirigible, sonreía al pasar lentamente por el cielo.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Todo lo veía. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Copyright © Jesús Ademir Morales Rojas. Todos los derechos reservados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;span style="font-size:180%;"&gt; &lt;strong&gt;El Último Destino del Teocuicatl&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;“Estábamos al borde mismo del cosmos: me bastaba dar la orden para que mis compañeros androides, nautas del espacio, maniobraran la nave Teocuicatl más allá de los límites del universo y traspasáramos su final, a fin de desembocar en la nada o en algo totalmente inimaginable. Entonces tome aire y…"&lt;br /&gt;"¿¿Dicté instrucciones??”&lt;br /&gt;“De pronto todo se oscureció y se hizo un extraño silencio: parecía haberme quedado sólo en aquel momento, en el cuartel de mandos de la nave. Instintivamente traté de alcanzar mi arma; sin embargo alguien se me adelantó, y sentí en la espalda la dureza de un cañón de pistola.”&lt;br /&gt;“Ese alguien me dijo en susurros entonces:&lt;br /&gt;-Capitán Zorba, no intentes nada, sólo escucha. Tú cruzaste el umbral, sí, pero lo que viste más allá fue algo tan espantoso, tan demencial, que al transmitir ese conocimiento a la Tierra, al comunicarles tu experiencia, provocaste el fin de la civilización humana por obra de la desesperación y la locura que les llevó hasta la muerte, al oír tu mensaje, al compartir tu visión.”&lt;br /&gt;“Aprovechando que en un cierto punto, más allá del límite de la realidad, espacio y tiempo, se anudan y giran sobre sí, la nave Teocuicatl, ha retornado en su marcha hacia un tiempo primigenio, en donde su aparición inesperada, provocó indirectamente la gestación de la vida en el cosmos. Luego, este secreto, el de tu experiencia determinante, el más importante acontecimiento en la historia humana, fue preservado secretamente como una profecía sagrada, a lo largo de millones de años. Imagina cuantas vidas se sacrificaron por resguardarlo. La vida entera del universo y del hombre se ha tenido que repetir por completo, para que yo llegue hasta aquí, ahora, para impedirte dar esta orden, por un medio u otro- y aquí hizo sonar el arma presionada sobre mi espalda- aunque eso signifique lo que tu puedes suponer, tanto para ti, como para mi, y para todos los seres existentes.”&lt;br /&gt;“¡Decide ahora, Capitán Zorba!”&lt;br /&gt;-Esta bien, no avanzaré, daré marcha atrás, no traspasaré el límite…-concedí sin remedio.&lt;br /&gt;-Buen chico, te conozco, te conozco…&lt;br /&gt;Lentamente los susurros se perdieron en el silencio, y el contacto frío en mi espalda cesó.&lt;br /&gt;La iluminación retornó a fulgurazos, hasta que se estabilizó por completo.&lt;br /&gt;Mis compañeros nautas androides, allí estaban de nuevo en sus puestos en los mandos de la nave y observaban a la expectativa de mis próximas instrucciones.&lt;br /&gt;-No avanzaremos más, hay que retroceder por la ruta que hemos llevado, ahora mismo.&lt;br /&gt;-Si, señor-obedecieron estupefactos, disponiéndose a desandar la ruta sideral, que tanto nos había costado recorrer.&lt;br /&gt;Yo no quise comentarles mi insólita experiencia, y salí presuroso de la cabina de mandos.&lt;br /&gt;Mientras me apresuraba a mi camarote contemplé la negrura del espacio, a través de la superficie cristalina de la cubierta del casco de la astronave Teocuicatl.&lt;br /&gt;¿Quién me había hablado? La voz de aquel intruso era un tanto conocida, y a la vez totalmente ajena con referencia a cualquier tripulante de la nave.&lt;br /&gt;Pero sí, un tanto conocida, tan conocida que…&lt;br /&gt;Repentinamente, el percatarme de la tragedia ingente provocada, me hizo trompicar al entrar presto y trémulo a mi camarote.&lt;br /&gt;Si la nave, al retroceder en el tiempo, había provocado hace millones de años la aparición de la vida en el cosmos…y si ahora esa posibilidad había sido clausurada por el retroceso que yo mismo había instruido… entonces….&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;-¡Capitán! ¡Capitán Zorba!&lt;br /&gt;Le interrumpió en sus pensamientos un androide nauta que llegaba raudo y consternado.&lt;br /&gt;-¿Q-Que pasa?&lt;br /&gt;-Hemos perdido la comunicación con todos los planetas habitados…de pronto todos los hombres han comenzado a quejarse en agonía, y luego desaparecer…algo terrible ha sucedido allá.&lt;br /&gt;El Capitán no dijo nada, solo se quedó cabizbajo&lt;br /&gt;Ante esta nula respuesta ,el joven nauta, confundido y atribulado, se alejó corriendo por el pasillo metálico.&lt;br /&gt;El capitán Zorba, luego, al sentirse ya sólo, alzó la vista nublada en lágrimas desesperadas y se miró en el espejo&lt;br /&gt;“Te conozco: eres un buen chico…"&lt;br /&gt;Su reflejo en el cristal le sonrió con burla, y le miró con un odio infinito.&lt;br /&gt;“Te conozco” &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;Copyright © Jesús Ademir Morales Rojas. Todos los derechos reservados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-59944630424832719?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/59944630424832719/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=59944630424832719&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/59944630424832719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/59944630424832719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/11/jess-ademir-morales-rojas.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/Ry7jHpJ9bII/AAAAAAAAAEY/agQWvpWHWl4/s72-c/JESUSADEMIR.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-6840518166247509269</id><published>2007-10-15T17:46:00.000-07:00</published><updated>2007-11-10T16:37:14.172-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;SILVIA MOTTES &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RxQKDZMChBI/AAAAAAAAAEE/-Rkegi70A9I/s1600-h/CAL0KVL1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121729729644364818" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 302px; CURSOR: hand; HEIGHT: 216px" height="99" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RxQKDZMChBI/AAAAAAAAAEE/-Rkegi70A9I/s320/CAL0KVL1.jpg" width="98" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Silvia Mottes nace en Mendoza, un 31 de mayo, cuando nevaba. Sus padres se trasladan a Buenos Aires antes que cumpla un año y alternan vivir entre el sur y la Capital Federal. Es profesional de Ciencias Económicas. Escribe desde la adolescencia y al final de la secundaria (16 años) escribe una obra de teatro que representa con sus compañeros en un festival del colegio.&lt;br /&gt;Participa en talleres literarios con la poeta Argentina Britos y el escritor Dalmiro Sáenz. En esa época obtiene una mención en un concurso de cuentos.&lt;br /&gt;Estuvo cerca de quince años sin escribir y a principios del 2006 comienza nuevamente. A partir de entonces, es seleccionada para la antología “El libro y su autor” con el poema “Desde hoy”. Queda finalista en el Concurso Hispanoamericano de Poesía y Cuento Corto “GUSTAVE FLAUBERT con el poema “La noria”. También está seleccionada para participar en una antología de la editorial El Búho Rojo con el poema “Amor de igual genero”.&lt;br /&gt;Ha sido publicado en La &lt;a href="http://ar.f300.mail.yahoo.com/ym/ShowLetter?box=PUBLICACIONES%20Y%20RESULTADOS%20DE%20CONCURSOS&amp;amp;MsgId=5332_0_3046_2004_1075490_0_12450_1387161_4175566594_oSObkYn4Ur5HQVfr2mDutCwZD6B2GOl1J.SN67XkB_SuZwyCx0fNAfyobV3QToWlJQukZg_lrTsa7M15gBnum7pqOc_UHnL68NqlWMrl6v5iB0acHSLDbERVmazteQS62dJ_HDBwAWNDrjpScVF.1JiPzXffcwcOCbR7um4-&amp;amp;bodyPart=2&amp;amp;tnef=&amp;amp;YY=70025&amp;amp;y5beta=yes&amp;amp;y5beta=yes&amp;amp;order=down&amp;amp;sort=date&amp;amp;pos=0&amp;amp;view=a&amp;amp;head=b&amp;amp;VScan=1&amp;amp;Idx=5"&gt;RevistaDigitalmiNatura79&lt;/a&gt; su cuento “MUNDO SUBTERRANEO”, que también fue publicado en Axxon Nº 168.&lt;br /&gt;En Almiar- Margen Cero publican su cuento “Un pino para su jardín”.&lt;br /&gt;Participa en dos paginas digitales “La Casa de Asterión” y Café para dos”&lt;br /&gt;Dos páginas literarias de auto- publicación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;EL ÚLTIMO INVIERNO &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131375060770165442" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RzZObjqBEsI/AAAAAAAAAGc/F1JYmAf-WbQ/s320/pola.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se arrebujo en su saco levantándose el cuello al sentir que el frío le mordía la cara. Era conciente que la estética no era la más adecuada, pero el lugar al que iba tampoco era el apropiado.&lt;br /&gt;Trató de mirar el suelo pero no llegó a verlo. Los focos estaban distanciados y tenían pocos watts de las lamparitas. Pensó en sus zapatos inmaculados que no quería ensuciar. Había sido mala idea presentarse con la ropa de trabajo. Pero estaba saliendo del club cuando en el celular recibí el mensaje, me urgía a ir a ese lugar.&lt;br /&gt;Mal presagio. Pero era inevitable su concurrencia. Decidió no pensar más en ello. Tenía que concentrarse en no pisar el barro y la inmundicia que afloraba en la calle y sus veredas. Lástima no poder llegar con el auto. Conocía de memoria el barrio. Traerlo sería tentar demasiado a la suerte. Estaba mas seguro a pie con la cuarenta y cinco en la sobaquera. Nadie lo iba a sorprender.&lt;br /&gt;A lo lejos vio la chapa que hacia las veces de puerta. Tuvo un mal recuerdo. Sintió una puntada en el estómago. Una brisa helada le recorrió el cuerpo.&lt;br /&gt;Julio se presentaba mas frió que en otros años.&lt;br /&gt;Miró la cadena que colgaba del palo. Por las noches pretendía asegurar la puerta con un candado. Se sonrió por lo bajo, levantando la ceja y mordiéndose el labio. Pensó con tristeza: “que puede cuidar esta cadena, si sólo hay trastos desechos ahí adentro”.&lt;br /&gt;Corrió la chapa para entrar. Vio levantarse la cortina de la puerta. Apareció una sombra en la que reconoció a su hermana.&lt;br /&gt;-¡Al fin, Pedro! Pide por vos…- dijo acercándose para darle un beso en la mejilla. El puso su cara por obligación, pero trato de no sentir su cercanía para no recordar el amor que sentía por ella.&lt;br /&gt;- ¿Que le pasa ahora?- preguntó con desgano mientras entraba a la casucha.&lt;br /&gt;- Esta muy mal, le dan algunos días de vida. Ya sabes, tiene el hígado desecho- le explico en tono bajo para que no se escuche desde la pieza.&lt;br /&gt;- Si hubiera tomado menos no estaría en esa condición- dijo con desprecio Pedro.&lt;br /&gt;-Ya lo se, pero ni se da cuenta de eso. Ya esta, ya lo hizo- le dijo la mujer condescendiente con su madre.&lt;br /&gt;Ahora no le importaba. Los días de angustia, abandono, hambre y frío habían quedado atrás. Estaba tranquilo. Con un buen pasar. No quería recordar su infancia. Sólo se había llegado hasta allí por su hermana, que le había mandado aquel mensaje.&lt;br /&gt;Al trasponer la puerta del cuarto, que hacía las veces de dormitorio, el olor a orines y moho le hizo cerrar los ojos y fruncir la nariz. Trato de sobreponerse. Se sentó en la desvencijada silla que estaba al costado de la cama. Su madre, cubierta por la frazada rotosa que alguna vez también lo había protegido en inviernos pasados, parecía más pequeña aún que lo que recordaba. Sus manos rugosas y ajadas por crudos fríos de agua helada, descansaban a los lados de su cuerpo. El crujido de la silla al recibir el peso de Pedro la despertó sobresaltada. En su cara cenicienta sus pequeños ojos oscuros comenzaron a abrirse. Al verlo una mueca que quiso ser una sonrisa se dibujo en su boca.&lt;br /&gt;- Sabía que vendrías, no me podías fallar- musito en un tono apenas audible. Pedro la miro con una mezcla de rabia y conmiseración. No quería dejarla ahí&lt;br /&gt;-Vine porque Maria me llamo…- dijo, deteniendo sus ganas de dejarla. Sin dudas que no había venido por ella.&lt;br /&gt;- Gracias- trato de respirar profundo, ahogándose en el intento, tosiendo hasta el quejido.&lt;br /&gt;-Tuve lo que merecía, ¿verdad?- le pregunto entre pícara y complaciente. Pedro no quiso contestar. Ella cerró los ojos y volvió a llenarse los pulmones de aire, consiguiendo suspirar sin toser esta vez.&lt;br /&gt;Estiro la mano tratando de agarrar la de Pedro, quien viendo la intención, las alejo de la cama. Bajó la vista entristecida y dijo:&lt;br /&gt;- Se que no merezco tu visita. Ahora comprendo lo que hice, pero se que es tarde…- ni aun teniendo ese sentimiento una sola lágrima surco su rostro. Pedro la sabia dura y mala. Pensó: “hasta el fin será así…”&lt;br /&gt;- Descansá, no te hace bien hablar- le dijo, tratando de hacerla callar. A él no le hacía bien escucharla. Nunca le había hecho bien.&lt;br /&gt;- Va a ser la última vez que me escuchas. Acércate por favor- le dijo su madre quedamente tratando de atraerlo hacia la cama. Con recelo Pedro separo su espalda del respaldo de la silla y se acercó a la cama. Ella lo miró a los ojos. Pedro, más que escucharla, comenzó a ver en su mirada sus intenciones.&lt;br /&gt;-Se que no fui una buena madre. Que obligue a María a cosas malas- dentro suyo Pedro pensó “atroces”. Recordando la prostitución y los abortos que la dejaron estéril.&lt;br /&gt;- Se que no me porte bien con nadie, ni los ayude en nada- Pedro pensó en las veces que debía pedir limosna para comprarle vino, si no quería una paliza que dejara sus piernas marcadas con oscuros cardenales.&lt;br /&gt;-Se que no merezco tu perdón, pero te lo pido, para morirme en paz.&lt;br /&gt;Pedro pensó: “hipócrita, ahora querés paz”. Recordó los días, meses y años de angustia que vivió a su lado.&lt;br /&gt;Un nuevo acceso de tos la dobló en la cama. Se puso roja. Parecía no poder respirar bien. Entro María con un vaso de agua para su madre y una sonrisa para Pedro. La ayudo a incorporarse, y solicita, le dio el vaso de agua, sosteniéndolo para que no se le cayera. Cuando lo terminó, la miró con fastidio, le dijo:&lt;br /&gt;-¡Andate!, quiero hablar con él- Pedro sabía que era inútil la queja. Siempre sería así, aun a un paso de la muerte. Su hermana era diez años más grande que él. Por eso nunca la había podido defender de su madre. Ella la culpaba de haber perdido su oportunidad por tenerla, por criarla. Otra mentira más para justificar su maldad.&lt;br /&gt;Se puso de pie y ella le suplico&lt;br /&gt;-Por favor, no te vayas-&lt;br /&gt;-No voy a permitir que trates a María así, vine por ella…&lt;br /&gt;Bajó la cabeza vencida. Volvió a rogar&lt;br /&gt;-No te vayas, no le voy a gritar más-&lt;br /&gt;Pedro se volvió a sentar y se juro que era la última vez que la vería.&lt;br /&gt;Sus profundos ojos oscuros se clavaron en los de él&lt;br /&gt;-Hijo, sos lo único que ame en mi vida, sos fruto de mi pasión y no se porque nunca pude hacerte feliz- dijo casi gimiendo. Pedro se sintió incómodo, pensando que su hermana a través de la delgada pared de madera, estaba escuchando esta confesión.&lt;br /&gt;- Te pido que no me guardes rencor, que no va a ser bueno para vos, aunque no digas que me perdonás…&lt;br /&gt;En ese momento Pedro recordó lo que había leído en algún libro, que ante la muerte algunas personas recapacitan sobre su vida. Le tomó la mano a su madre. Con sus labios casi pegados a su oído le dijo, lo más bajo posible:&lt;br /&gt;-Sólo te perdonaría si llamás a María y le pedís perdón a ella. Le decís que la querés. Pero de verdad para que ella te lo crea- se separó bruscamente soltándole la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los diez minutos Pedro salía por la desvencijada chapa que hacía las veces de puerta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pensaba:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- “Por suerte es su último invierno”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RxQKTZMChCI/AAAAAAAAAEM/qe5C0AuU76o/s1600-h/CAL0KVL1.jpg"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121730004522271778" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" height="2" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RxQKTZMChCI/AAAAAAAAAEM/qe5C0AuU76o/s320/CAL0KVL1.jpg" width="6" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-6840518166247509269?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/6840518166247509269/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=6840518166247509269&amp;isPopup=true' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/6840518166247509269'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/6840518166247509269'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/10/silvia-mottes-silvia-mottes-nace-en.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/RxQKDZMChBI/AAAAAAAAAEE/-Rkegi70A9I/s72-c/CAL0KVL1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23920723.post-7987161689712013946</id><published>2007-09-14T04:01:00.000-07:00</published><updated>2007-10-09T04:02:24.268-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Omar REQUENA nació en Caracas en 1972. Vive actualmente en Ocumare del Tuy, la primera capital estatal mirandina. Cursó estudios de Derecho y Artes Visuales en la misma ciudad. Actualmente inicia el segundo semestre de Comunicación Social en la U.B.V. (Universidad Bolivariana de Venezuela) Tiene inéditos un poemario y una colección de piezas breves para teatro. Trabaja actualmente en su primer libro de relatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;E-mail : omarrequena@yahoo.es * &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;CUENTOS&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;TRINI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Elena Méndez, culichi, libélula de luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque todo ángel es terrible.1 Ella no. A medio vestir en la penumbra del cuartucho desordenado. El olor a vela recién fenecida, llegando desde el pequeño altar repleto de figuritas tan desleídas como ella. Su tos alérgica. Sus maldiciones por no poder encontrar la cajetilla de cigarros. Puta mierda. La modorra que me invadía siempre al quedarme allí. Sopor, dejadez; lo cierto es que el agobio me hacia regresar a ese rincón de Araguita. Una retorcida sensación de refugio. Con algo de suerte, una pelea, una balacera breve, cortesía de los narcos del sector. Y pensar que a pocos kilómetros bullía otro mundo, indiferente y cómplice a la vez. Si no, que lo dijeran Carlitos, el flaco Ribas, incluso Silvia. Encantados con el barrio y con Trini. Fumaba con garbo, con duende, aseveraban. Sublime en el momento cumbre de la pieza de calle. La rara condición etérea, y yo: “Trini, me enamoraste a los muchachos del grupo”. Ella reía; un fulgor particular se le prendía en los dos puntos de ámbar que miraban siempre más allá. A mediodía, llegaba su hermana menor, con caldo de gallina y arepas. También traía la noticia del último ajuste de cuentas, los tiros, los vejámenes que costaba un montón imaginarse.&lt;br /&gt;Cada mes me preparaba un ensalme con hierbas especiales. Subíamos al río bien temprano. En La Cola de Caballo le decía que era yo Niño Mauricio, el genio guardián de la naturaleza tuyera. Ella me ordenaba no jugar con eso. Sumergidos en el agua fría del pozo, lamía sus pechos mientras me preguntaba por enésima vez si era capaz de llevarla conmigo a Madrid. “Allá tendrías que olvidarte del jibareo, mijita”, le contestaba. “Pero puedo leer la suerte; con mis tabacos veo lo que esta oculto. Me pagarían por eso. Además, esa gente es como los gringos… tu mismo lo has dicho. No era tan fácil, Trini. No lo había sido nunca. No es el caso el andar azotando calles. El triste papel de sudaca. Ni siquiera en el mismísimo barrio de Lavapiés; acuérdate de Miguelito. Internado en Mondragón, nada más por asustarse con un charco de sangre que encontró en el portal que limpiaba a diario. Su piel quemada, su estrella negra de poeta, lo hundieron. Luego, me refería el episodio, una y otra vez, hinchado de ganja. “Sucios gilipollas”, murmuraba furioso. Aseguraba que África renacería como la madre del mundo, y Europa y Norteamérica serian castigados al fin por su infinito egoísmo. Se lo insinuaba su sangre Zulú, Fulfulde y Ashanti. Cuando le llevé a Trini, abrió tamaños ojos de pervertido, y hasta unos versos le dedico. Mientras la hacia escuchar a Tom Jobim, me previno: “mire, poeta, esa niña tiene la marca de Olofi, no estoy seguro. Yo que usted, andaría ojo pelao, cuidándome del hambre de su cuerpo. De su hambre toda”.Pero no era vital para mí el cuidarme de nada. No tenia sentido. Más bien, buscaba su cercanía cuando quería estar al borde de lo incierto. Había algo efímero en Trini que la vinculaba a otras regiones u órdenes. Era ese algo que me untaba la modorra al cuerpo. Y se lo pedía entonces, ya que continuaba en busca de los benditos cigarros en el ropero. “Muéstramelos, Trini… por hoy solamente.” Sacaba uno, dos, tres, cinco, siete frascos con los cuerpecitos arrugados, pequeñitos, varios de piel traslúcida. Recuerdo uno, de mayor tamaño que el resto y, lo puedo jurar, se le insinuaban ya las diminutas alas de ángel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TÁCITO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Zune.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera “volada” de Tácito fue con ocho años recién cumplidos. Caminó desde Súcuta hasta San Pablo, y luego de allí bajó directo al terminal de pasajeros. Un día y una noche duró la búsqueda, que se facilitó con repetidos anuncios por emisoras de radio. Lo encontraron frente a los baños públicos, hambriento, pidiendo limosna a la gente que salía o entraba a los servicios. Quería irse a Ciudad Ojeda, en el occidente del país; le habían dicho que la Niña vivía allá, e iría en su búsqueda inmediata, apenas reuniera lo suficiente: unos dos o tres mil bolívares según él. La Niña, por su parte, era uno de esos seres calamitosos, violentos y tremendamente irreflexivos que se multiplican con la urgencia del “porque sí”, en cada lugar que van pisando. Su atolondrada existencia no parece tener otra finalidad que la de llenar de hijos esta tierra atribulada; Tácito era ya el sexto o el séptimo de ellos. Estaba a cargo de una tía, entrada en años, que recompensó la inocente osadía del niño con una formidable paliza, que lo alejó varios días del colegio.&lt;br /&gt;Conocimos a Tácito por la necesidad de una persona que viniera cada semana a poner orden y limpieza en aquél apartamento desastroso. Ocumare, pese a su humedad, es muy polvoriento; en consecuencia, sobre libros y aparatos eléctricos, se adhiere una fina capa de color gris-amarillento. Este polvillo es visible a contraluz, y cada cuatro días –si no se quita- se va depositando en todas partes. Una vez le escuché a un obrero de la cementera decir que ese polvillo era producto de las continuas explosiones en la cantera de El Peñón, cercana al pueblo. No es tan descabellada la hipótesis; padezco una sinusitis que ha empeorado desde que vivo aquí. Ana Luisa recomendó entonces a Erlinda, la tía, quien lavaba, planchaba, y con trapos humedecidos en desinfectante, trataba de recoger el insistente polvillo. Tácito venía con ella. Su única misión era limpiar la biblioteca. Yo lo ayudaba, subiéndolo a mis hombros; así “ordenaba” los estantes más altos, a manera de juego y sin demasiada responsabilidad para un niño como él, que miraba curioso mis reproducciones de Chagall y de Remedios Varo. La “Naturaleza Muerta Resucitando” de ésta última, lo impelía a preguntarme: “Y si una naturaleza muerta resucita, ¿puede volver a morirse?”. “¿Por qué le dicen Naturaleza Muerta, si los platos y las frutas están volando?” “¿Ya resucitaron?” “Lo &lt;eterno&gt;, ¿es igual a &lt;para&gt;?” “¿Y nosotros, también resucitamos?” Yo, contestaba como podía la andanada de preguntas. Luego le daba hojas y lápices para que dibujara a sus anchas.&lt;br /&gt;Pero en el Tuy es rarísimo –por no decir imposible-, encontrar a un niño de nombre Tácito, palabra que denota lo callado o que se sobrentiende. Ana Luisa, me lo explicó: Tácito era en realidad un apodo, puesto por la madre, la Niña; a su vez otro mote por haber sido la menor de quince hermanos. Tácito, o sea Esteban – su nombre verdadero-, al parecer no articuló palabra hasta los tres años de edad, y Roxana (la Niña), quizá con más tino que dominio en sí del lenguaje, le adosó el remoquete, que ya nadie se molestó en quitarle después.&lt;br /&gt;Hablaba hasta por los codos. Reía mucho, preguntaba; un interrogador con una fuerza casi conminatoria. Mamá, en su espera desesperada por los nietos que no llegaban nunca, le tomó cariño a Tácito. Ella coincidía con nosotros en el apartamento los días de limpieza general, y no lo dejaba ir sin haberlo hecho almorzar y merendar antes, contrariando a Erlinda, la severa tía, manojo de huesos movidos por el rencor y el fanatismo religioso más recalcitrante. Sentábamos al niño a la mesa; se le servía lo que quisiera. Incluso carne de cerdo, prohibida por su Iglesia protestante. Yo la cocinaba únicamente por molestar a esa beata, quien me dispensó un odio cordial. Se desquitaba con Tácito, maltratándolo. El la delataba en casa, y mamá a fustigarla:&lt;br /&gt;&lt;mire,&gt;&lt;br /&gt;&lt;la&gt;Yo me servía un vaso de agua en la cocina, y lo “Ley de Dios”, me sacó de quicio. Entonces le espeté desde allí, sabiendo que podía escucharme perfectamente, parafraseando a J.D. Salinger, un tipo que sí sabía de niños: “Los chamos son huéspedes de honor en una casa, deben ser tratados como tales, respetando sus temperamentos y aptitudes. Cualquier intromisión &lt;seria&gt;, es violencia. Y las creencias religiosas, conciernen sólo a los adultos: si tal o cual fe me sirve o no, es cosa que para niños está de sobra”. Luego le pasé a un lado, sin mirarla siquiera. Erlinda soltó que vendría un par de veces más y que tendríamos que conseguir a otra persona para la limpieza. Había obtenido una oferta de empleo en la zona industrial de Valencia, y pensaba aceptarlo, mudándose y llevando a Tácito consigo. Nos agradecía mucho las atenciones para con el niño y ella todos esos meses, pero se iba del pueblo en procura de una mejor vida, lejos del desastre tuyero, etc, etc. Nuestra expresión -apocada por la noticia-, pareció regocijarla. Ella era, a fin de cuentas, la verdadera familia de Tácito. ¿Qué podíamos objetarle?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, también yo me fui. Lejos de Ocumare; lejos de todo aquello que conocía. Un periplo que todavía no sé que me quitó o dejó realmente. Paréntesis de tiempo, en varios tonos de gris, con lugares y personas como desleídos o fantasmales. Yo era yo a ratos, pero no mucho; lo cual es siempre preferible a cualquier tentación de refugio, de quedar a mano con uno mismo. También a ratos fui intensamente feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tácito siguió volándose de la casa, una segunda, tercera y cuarta vez. Eso lo supe por teléfono. Lógicamente, las palizas se sucedieron los maltratos de la tía Erlinda; sobre todo cuando a Tácito le daba por buscar a la madre, una muchacha infeliz y drogadicta que se prostituyó algún tiempo por los lados del terminal de pasajeros, en los pequeños quioscos junto al cadáver del Río Tuy. De día, venden comida; de noche, sexo. Ya en Ciudad Ojeda se le perdió el rastro y, de la Niña, trasunto de millones de calamidades trazadas al parecer con el mismo lápiz, no supimos más.&lt;br /&gt;De la mano con Alejandra, me topé con Ana Luisa en el centro del pueblo. Casada ya y con dos niños, la invitamos a un café. Quería saber del colegio, de aquél rinconcito de Marare, y de mi amigo Tácito, por supuesto. No le costó mucho rememorar enseguida.&lt;br /&gt;&lt;ese&gt;&lt;br /&gt;&lt;típico&gt;&lt;br /&gt;&lt;que&gt;&lt;br /&gt;Se me hizo una opresión en el pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, me trajo un recorte de prensa. “El Carabobeño”, reseñaba el hallazgo: Niño de once años, asesinado en los alrededores de Bárbula. El cadáver presentaba evidentes signos de tortura. Se sospecha de grupos de exterminio, o de cultos vinculados a sectas satánicas. Doblé el papelito para no leer su nombre y la procedencia; no hacía falta. En cambio, abrí mi maletín de originales, y busqué y rebusqué entre papeles, hasta dar con lo que deseaba: un dibujo de Tácito. Era un sol lleno de colores como una guacamaya; sus plumas, eran hermosas plumas de fuego. Con cinta adhesiva, lo pegué al techo polvoriento del cuarto. Quería mirarlo allí una semana entera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ESTILITA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Una vez más erraste, el fracasosólo no tiene límites-, tú sí”.&lt;br /&gt;Leopoldo María Panero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Asiáticas, francesas, rumanas, holandesas, españolas... Toda la filmoteca de John Holmes, de Cinderella Byron, de las hermanitas Jones (Susan y Vivian); incluso de la mismísima “Sleeping Beauty”, Victoria Morrison; juguete primoroso de tantos, ángel concupiscente. Si existía en video, Andrade lo tenía.; amén de curiosidades, chismes, estadísticas de todo tipo, y notas biográficas. Por él, supe que a Ginger la había comido el sida a lentos mordiscos, años atrás. Otro tanto sucedió con Holmes, como seguramente sabrán algunos. Cierta vez, y a modo de juego, juntamos cifras aproximadas de ambas estrellas porno y dimos con la suma de cuatro mil novecientos veinte polvos: suficiente sexo como para llenar barriles y barriles de vidas hasta el borde. Hablo de vidas “promiscuas”, claro; las comillas son en este caso absolutamente necesarias. Aún con esto, para Andrade la gente vivía en función del sexo; lo demás era hipocresía, ganas de perder el tiempo en sublimaciones ridículas y falsas. Bataille había tenido siempre razón. “No te olvides que se hizo una paja frente al cadáver de su madre”, solía repetir con sagrado respeto. Si el cansancio de catorce horas en la fábrica me lo permitía, pasaba una que otra tarde por aquél quinto piso. Ya instalado en un gran sofá, oía discos de Fado (el volumen de la música no importaba) y bebía vinho verde. Andrade caminaba de aquí para allá por el apartamento, conversando a viva voz, lamentándose de tener que recoger a diario cuerpecitos de golondrinas heridas o muertas al chocar contra el amplio ventanal de la sala. Contaba que en Algarve y Lagos sirvió bebidas a turistas ingleses de modales gringos, hediondos a sudor. Después se vino a Venezuela; una herencia familiar le correspondía. Llevaba en el pueblo un par de años. Pero la idea era volver a Lisboa y dedicarse a escribir, descubrir, describir. Desaparecer. Una visión, un absoluto que se le hacía esquivo. Una pavesa, apenas. O será que, “¿nem muito nem pouco para a chama eterna?” . Y abría los estantes del comedor, repletos de libros y más y más videos: amateur, lluvia dorada, bizarre, orgías, lesbianas, interraciales, sado. Proyectó “montar” su propia productora, en un alarde de libertad creadora: sus intentos fracasaron rotundamente; ninguna seriedad. Igual lo previne muchas veces. Decepcionado, se contentaba entonces con despotricar contra el porno alemán, que tildaba de zafio. Opinión distinta le merecían los filmes italianos: las mujeres era sencillamente hermosas. Para Andrade, América Latina se salvaba por el gigante Brasil. Argentina, Colombia, que por entonces daban sus primeros pasos en esa industria, seguían en pañales.&lt;br /&gt; Escribió una poesía que jamás mostró a nadie pero que alguna vez me comentó. Andrade exaltaba allí el voyeurismo, como refinamiento máximo de la conducta erótica, y aseveraba que las sociedades del futuro iban irremediablemente por ese camino. “Nos miraremos unos a otros, permanentemente. E irónicamente, será esa la solución de este mundo sobre poblado: el placer estéril.-¿Conoces a Malay Roy Choudhury? Es un poeta bengalí, defensor de la obscenidad. Porque has de saber que lo obsceno tiene también su sacralidad, mi estimado. Yo soy una especie de anacoreta moderno, viviendo solo en este edificio, sin familiares cercanos, ni vecinos. Salgo poco a la calle; casi nada en realidad. Me da terror esta tierra violenta. Imagina el pensar que recibas un balazo en el pecho por ahí, como un perro, sin haber descubierto la razón de tu permanencia aquí. ¿Cuáles podrán ser? Hasta se me ocurre que tú puedes ayudarme; el peregrinaje de ambos tiene sus puntos en común. ¿Entonces, qué dices? ¿Sabes?, muchas veces estoy moral y físicamente agotado.  La ruptura de un aneurisma en Junio de 2001, no dio tiempo a mis sugerencias. Salvo unos cuantos libros (Sacher Masoch, Sade, Raynal), no quise quedarme con ninguna otra cosa suya.     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SICALÍPTICO.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Pienso como una joven alza su vestido.Al extremo de su movimiento, el pensamiento no difiere de la obscenidad”.(Georges Bataille).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Había solo una explicación para aquellos agujeros en los jeans que siempre llevaba Fani de noche; mas yo ni me fijaba, ni me importaba demasiado entonces. Podía tratarse de pobreza, de provocación o moda. Quizá las tres juntas y bien revueltas. Hasta en el primer aniversario de &lt;tu&gt;, en que vemos a la morena acercarse a la mesa de los La Taglie y saludar melosa, viajando de regazo en regazo. Luego de los sorbos de whisky, cada mano bajaba más de la cuenta; Fani daba un corto respingo. Los tipos se mataban de risa. Había sobre todo mujeres comentando, mirándola con cierta mezcla de repulsión y envidia; pero a Fani parecía no importarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23920723-7987161689712013946?l=cuentameblog.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentameblog.blogspot.com/feeds/7987161689712013946/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23920723&amp;postID=7987161689712013946&amp;isPopup=true' title='3 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/7987161689712013946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23920723/posts/default/7987161689712013946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentameblog.blogspot.com/2007/09/omar-requena-naci-en-caracas-en-1972.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry></feed>
